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Twitter y otras milongas

Si el otro día en esta misma columna hablaba de ese concejal  de los chistes ofensivos –que aún lo es, aunque ya no de cultura- y de cómo la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, no había sido capaz de retirarlo de la vida pública, ahora voy a ponerme casi en el otro lado. No es que crea que este tipo debe estar en el ayuntamiento, desde luego que no. Igual que tampoco pienso que sea de recibo que Carmena se desdiga y ahora no le valga la imputación de su portavoz para retirarla de su cargo. Pero sí es cierto que creo que a Carmena se le está juzgando con especial dureza. Que no se le permite el beneficio de la duda y que tanto los tuits, como la protesta en una capilla (que sin duda no se haría en una mezquita. Maldita imbecilidad la de algunos españoles que parecen atacar las raíces de su cultura y consentírselo todo a quienes atentan contra la libertad que tanto nos ha costado conseguir), como sus titubeos al tratar de poner en marcha algunos de los puntos de su programa, imposibles por cuestiones de presupuesto, no son motivo suficiente como para desacreditarla. Venimos de años y años de corrupciones y de severos errores. De crisis funestas que nos han conducido a un universo casi sin esperanza, del que ha nacido un movimiento social necesario para que los políticos no crean que España es su feudo particular. Por eso está Manuela Carmena donde está. Y creo que está ahí con muchas ganas de hacer las cosas bien. Es posible que vaya a meter la pata como lo hacemos todos en el trabajo y en la vida (el que esté libre de pecado que tire la primera piedra), pero también lo es que, los que la han precedido también lo han hecho y, en muchos, casos, ni siquiera han pagado por ello.Yo pediría paciencia a la ciudadanía. Y un voto de confianza para Carmena. Eso sí, también le pediría a  la alcaldesa y a su equipo, que sean consecuentes y se muestren tan exquisitos políticamente
como exigieron mientras se postulaban. Y que sean conscientes de que estamos en democracia y de que esto no es una lucha armada y no hay que enfrentarse con el enemigo y volarle la cabeza, sino solo convencerle de que lo que se ofrece es lo más adecuado para todos. Creo que los tuiters y demás, son casi casi milongas…, pero que hay que cortarlas de raíz si de verdad queremos estrenar ese tiempo nuevo que Carmena  prometió a sus votantes. Si no lo hace, se habrá equivocado, como todos, pero además, habrá cometido un fraude no se si legal, pero sí de confianza.

 

La Gaceta de Salamanca

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