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Idiotas e idiotos

No sé quien engaña a los tontos y tontas del mundo y les hace creer que si se les nombra por separado, en vez de en el genérico masculino de nuestro lenguaje, dejará de haber sexismo, malos tratos y se equipararan los derechos por arte de birli birloque. Supongo que son maniobras de despiste de algunos políticos, que puestos  a encontrar a sus votantes donde sea y como sea, se inventan que dar patadas al lenguaje es una fórmula más bonita que ninguna. Pues no, miren. Es una solemne estupidez. Revisen la ley para que los malos tratos no acaben en muertes y para que los maltratadores y asesinos encuentren su merecido; propicien las fórmulas para que las empresas no puedan discriminar a las mujeres ni castigarlas por los embarazos que tanto necesita la vieja Europa: preocúpense de evitar acosos o de consentir que haya quien, argumentando que son cosas de su religión, lleve tapada hasta las cejas a su señora, mientras él va enseñando los pelos del pecho que le asoman por esa camiseta que solo debió ponerse en la vida Marlon Brando; y olvídense, por favor, de una buena vez, de cargarse el palabrario a golpe de justificación feminista barata. Oigan , no.  Y sobre todo no engañen al personal, haciéndole creer que por decir jóvenes y jóvenas se va a obrar el milagro. Esta manera de proceder, además de ser populista e imbécil, es que lleva a situaciones incalificables. Por ejemplo, la  de dos concejales que para hacer ver su enorme compromiso con las mujeres han decidido suprimir el uso del genérico masculino y cambiarlo por el femenino. Como lo leen. Si a alguien se le ocurre alguna estupidez más supina, que levante el dedo. Desde luego a mí, que soy feminista por vocación, cultura y compromiso y que desde siempre defiendo la equiparación de los derechos entre hombres y mujeres –que es lo que hacen todos las personas de bien que conozco, independientemente de sus sexos-, no me la dan con queso. Ni estos concejales asturianos de los que me río de janeiro, ni los pavos (y pavas) que se creen que con eso me van a convencer de que tomarán las medidas oportunas para impedir que el acceso al trabajo de las mujeres  no sea igual que el de los hombres o que el sexo no condicione los salarios. Así que no me toquen el lenguaje y redirijan sus esfuerzos. Y no nos tomen ni por idiotas ni por idiotos.

 

La Gaceta de Salamanca

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