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Ser padres a toda costa

Me pregunto que es lo que queremos cuando nos planteamos ser padres. ¿Queremos trascender? ¿dejar nuestra huella en un mundo del que sabremos que desapareceremos con el tiempo? ¿tener un muñeco que se mueva como nosotros al que contarle historias que nos contaron? No hay amor mayor que el paterno filial. No se puede explicar. Lo que los padres quieren a los hijos ni por asomo se acerca a lo que los hijos quieren a los padres. Ni a sus parejas. Ni a nada ni nadie en el mundo. Ser padre es algo así como volverse omnipotente y vuelve del revés a todos los seres, digamos normales, que lo son. Pero ¿por qué queremos más a un bebe gestado con óvulos donados y esperma de nuestro marido que a uno adoptado? ¿por qué nos resulta más nuestro aquel que se gesta en un vientre de alquiler, por mucho que no tenga nada genético de nuestra procedencia? Ser padre o madre no es ser dueño de un perro.  Aunque casi debería, porque implica la responsabilidad
de un ser vivo sobre otro. Lo que sucede es que en el caso del niño, su desarrollo, su comportamiento y hasta su estética determina, de alguna manera, la consideración de los padres en una sociedad que estudia las sagas de arriba abajo y de abajo arriba. Ahora, por lo que parece, en los países desarrollados, ser padre o madre es algo que se puede conseguir independientemente de las posibilidades de fábrica. Hay tanta ciencia y tecnología en el asunto que, de una u otra manera, sobre todo si se tiene dinero, los niños están asegurados. Pero, precisamente por eso ¿cuál es el valor de su vinculación con los padres? ¿Es distinta la de un hijo biológico, adoptado, medio biológico –procedente de óvulos donados a la madre, por ejemplo y esperma del padre, o viceversa- o medio pensionista? Es curioso, el amor entre un hombre y una mujer, o entre dos hombres y dos mujeres solo puede existir si se produce el milagro, la chispa, la conexión, eso que jamás se podrá describir. El amor entre padres e hijos, infinitamente mayor, se puede decidir por anticipado… O mejor dicho, se puede optar por traer hijos al mundo sin que sean de uno y quererlos más allá de cualquier otro vínculo en la vida. En
este asunto, nada es explicable ni racional…Pero posiblemente, alguien tenga que escribir los límites. Quizás entre todos. Entre otras cosas porque ,si no, acabaremos trayendo hijos al mundo con padres sauce y madres cascada, o conejo, o potro o rio Ebro… O lo que es lo mismo, dará igual su procedencia, y que los traiga la cigüeña o el hombre del saco, mientras podamos exhibirlos en sus cunas y convertirlos en hombres y mujeres de los que presumir…

 

La Gaceta de Salamanca

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