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El camino de la calma

Tengo infinidad de amigos que, o se han hecho el camino de Santiago andando, en bicicleta, a caballo o a la sillita de la reina o dicen todos los años que se lo harán para encontrarse a ellos mismos. Parece que, al reto de recorrerlo solos o en compañía de otros , se une  el sueño de conseguir amansar a la fiera que llevamos dentro y encontrar esa paz que tan a menudo se pierde entre los estreses cotidianos.  Hay quien asegura que es el mejor sitio para volverse un mar en calma, sin riesgos, pero es un craso error: incluso en el Camino de Santiago hay malvados ajenos a los buenos propósitos y a las promesas, que  se aprovechan de la buena voluntad de los caminantes y de sus debilidades, para quien sabe qué. Como ejemplo, la desaparición de la peregrina estadounidense de origen asiático y 41 años, Denise Pikka, en Astorga, el pasado abril,  cuyo caso se acaba de reabrir con la aparición de la pista de un sospechoso; pero también  los hurtos  más que  frecuentes o esas historias de tarados dispuestos a meter mano a las “caminantas” o a masturbarse frente a ellas, aprovechando su soledad. La realidad es que tanto la desaparición del Pikka, como incidentes restantes descritos son estrictamente puntuales y casi hay más peligros en el km Cero de la Puerta del Sol, que en los  tantos  bendecidos por el santo; pero aún así, conviene que los caminantes tomen precauciones y que el Gobierno se esmere en procurarles seguridad. Sobre todo porque son muchos los extranjeros y españoles que presumen de los beneficios de recorrer ese camino que es sin duda parte de la marca España.

La Razón

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