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KAMIKAZES

Se dice y se cuenta, y por desgracia se comprueba cuando ocurre la desgracia, que hay infinidad de kamikazes circulando entre nosotros. Que todos esos que o bien por problemas particulares, o bien por pura locura, acaban estampándose contra algunos ciudadanos que no tienen ninguna gana de jugarse la vida como ellos, no son más que la punta del iceberg. O lo que es lo mismo, que más allá de los que eligen la vía de pegársela con su coche contra otros, para dejarse la vida que no quieren sobre el asfalto- más que kamikazes, suicidas-, hay muchos más a los que, lo que le gusta es la pura adrenalina del riesgo desmedido. Son personalidades extremas o tal vez chalados, pero el caso es que, por lo que parece, son muchos más de los que creemos y, si se cruzan en el camino, sortearlos casi es pura lotería o una destreza de piloto de Formula 1.  Una piensa que, con tanta cámara vigilante y tanta patrulla de la Guardia Civil lo suyo sería que la cosa fuera a menos, pero parece que es un, ejem, “deporte”al alza, que cada día cuenta con más adeptos. Y vuelvo a reflexionar y a repreguntarme, ¿qué pasa en esta sociedad nuestra que incita a tantos a buscar emociones límite? -véase los que corren delante de los toros,  los que se tiran de un puente o incluso a los que se juegan la vida colocándose demasiado cerca del trayecto por donde pasan los coches de los rallies-. Una entiende que la vida a veces es gloriosa y otra es puñetera. Y hasta que conviene buscarse alicientes y divertimentos para sobrellevarla e incluso, de cuando en cuando, jugar con fuego, si la hoguera es pequeñita. Pero caray, si se está en esas, casi mejor que en vez de a Kamikaze se metan a voluntarios de ONGs (en algunas se corren verdaderos peligros) o que se vayan de corresponsales de guerra (son muchos los que acaban perdiendo la vida, por denunciar lo que pasa en las contiendas) o incluso que se  hagan militares o hasta a conejitos de indias humanos de medicamentos  con inesperados efectos secundarios (si es que eso existe fuera de las películas). Pero hombre, que se dejen de tratar de imponer sus locuras a los demás. O lo es lo mismo, que los kamikazes se estrellen entre ellos, o lo hagan por una buena causa-  en vez de tener a los ángeles de la guarda de las buenas personas currando a jornada completa, para evitar que sus “hazañas” se conviertan en asesinatos.  Hay muchos sitios en donde descargar las tensiones y donde se puede duplicar la adrenalina sin hacerle daño a nadie. ¿O es que acaso lo que de verdad les gusta, es morir y matar?

 

La Gaceta de Salamanca

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