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“Las decisiones trágicas hacen que las historias tengan resonancia”

MANEL LOUREIRO, escritor.

A nadie se le ocurriría pensar que tras la cara de buen chico de Manel Loureiro se esconde una mente perversa. ¿O sí? Seguro que los cientos de miles de lectores con los que ya cuenta en el mundo entero saben de lo que estoy hablando. Pero quizás aquellos que aún no lo conozcan ni siquiera intuyan lo pueden encontrar en cuanto abran uno de sus libros. Por ejemplo, el último, “Fulgor”. Una historia terrorífica y extrema en la que  su autor, inclemente, lleva a sus protagonistas hasta el límite. “¿Hasta dónde estarías dispuesto a llegar para salvar a los tuyos?” Pregunta Manel desde la contraportada de su nueva obra. Luego, cuando charlamos para la entrevista, agrava aún más la cuestión “¿Qué harías si solo pudieras salvar a uno de tus  hijos y tuvieras que elegir?” Me quedo sin respiración, claro. “No  sé si preferiría no salvar a ninguno y morirme yo con ellos”, le digo. “Yo salvaría a uno.  Y sé que no volvería a ser la misma persona jamás. – me asegura él- Pero es el precio que tendría que pagar, la penitencia, por haber matado a uno de mis hijos para poder salvar al otro… Esas son las decisiones trágicas. Pero son las decisiones que hacen que las historias tengan resonancia. Y tú, cuando cuentas una historia, lo que buscas es que tenga resonancia”. A estas alturas de la conversación ya no tengo ni temperatura. Pero después de haber leído a Manel no me esperaba otra cosa. Se que él escribe historias  que son “bigger than life”, como dice que las llaman sus amigos.  “Es que yo no quiero que me cuentes una historia aburrida de un tipo que se levanta por la mañana, resulta que se ha muerto, un señor lo investiga y ya. No, que resuene. Tiene que ser algo que proyecte en ese personaje los miedos  o las ansias que tengo ocultas en mí, porque me voy a enamorar de él de las dos maneras” Si con  su primera incursión literaria , “Apocalipsis Z, El principio del fin” (a la que seguirían “Los días oscuros” y “La ira de los justos”, con las que completaría la trilogía) consiguió no solo cautivar al mercado español, si no , además, ser traducido a 30 idiomas y verse editado en cerca de 50 países, e incluso superar en ventas al mismísimo Stephen King en EEUU, con esta  última novela, “Fulgor”, las expectativas no son menores. Y es lógico. Desde que Loureiro  empezara a publicar desde su blog , en sus ratos libres, y se metiera  a más de un millón y medio de lectores en el bolsillo, contándoles historias de Zombies –“los zombies siguen tan vivos que ya son parte de  mi fondo de armario”, dice con humor- todo lo que ha escrito  ha resultado un auténtico éxito.  A “Fulgor” le  precede“El último pasajero”,  que fue un bestseller, y nuevamente no solo en España: además se colocó en la lista de los tres libros más vendidos en USA, únicamente a base de reservas previas,  y convirtió a Manel, en el único autor no anglosajón situado en la lista de los cien autores más vendidos de ese año en EEUU. Con todo, para Loureiro, cuya mente va a la velocidad del rayo, todo eso es ya pasado. Un pasado alentador, pero pasado. Ahora está con la promoción de “Fulgor.” Una historia que, desde el principio sacude al lector, lo engancha con tenazas de hierro y no lo suelta hasta la última página.  Desde la primera línea el lector sabe que está a punto de enfrentarse a algo terrorífico, al acompañar a una joven pelirroja por un bosque sombrío, con sus tacones rotos y los moratones y arañazos propios de las huidas más delirantes. Pero ni ella ni su amiga, las primeras atacadas de esta historia, son Casandra, la psiquiatra protagonista de este thriller otra vez encabezado por una mujer. “ Me gustan los personajes femeninos. Suponen un reto, un desafío para un escritor,  si se quiere que sean reales, que parezcan mujeres de verdad. “ Las suyas lo parecen, desde luego. Mujeres de armas tomar. O al menos Casandra, heredera del mito griego  y , tras un accidente y a la vuelta de un coma, con el don de  ver, no el futuro, pero sí el aura de las personas, y condenada a la misma pena que la sacerdotisa de Apolo: a que nadie la crea.  Ella es el personaje con el que Manel Loureiro combate una oscuridad, presente desde el inicio de sus páginas, a la que no es fácil personalizar. “Ese es el problema. Casandra se encuentra con que tiene varios antagonistas. Cuando descubre lo que sucede alrededor de todos nosotros y que nadie se da cuenta excepto, en principio, al parecer, ella, de repente, empieza a haber consecuencias que provocan muertes. Y esas muertes generan que la policía empiece a investigar…Y que todo parezca volverse contra la propia Casandra”.  Me cuenta Manel que ha convivido con el horror de esta historia después de contársela por primera vez a sus editoras de Planeta, y dejarlas aterrorizadas “desde el primer momento en el que empezó a describírsela”. Está claro que es nuestro Stephen King patrio y que sabe espantarnos con una maestría paralela a la del norteamericano. No sé si esos horrores los aprendería con la toga de abogado puesta -antes ejercía como letrado-, pero entiendo que, desde entonces, ya sabía que quería escribir. “Escribir surgió por dos necesidades. La primera contar algo que me permitiera dar rienda suelta a mi creatividad, porque yo estaba muy atrapado en la literatura jurídica, que es, digamos, lo que la música militar al resto de la música; pero  por otra parte, cuando eres lector compulsivo, tarde o temprano surge la necesidad de contar las historias que quieres leer y que no encuentras. Y cuando eso te pasa,  no te queda más remedio que echarlas fuera de alguna manera”. La manera de Manel Loureiro, ya lo saben es, además de pericia, con intriga y con absoluto terror. Y si quieren comprobarlo lean “Fulgor”. Si se atreven, claro…

PERSONAL E INTRANSFERIBLE

Manel Loureiro nació en Pontevedra en 1975.  Es guapo, encantador, divertido y ocurrente; pero que nadie se entretenga en enamorarse de otra cosa que no sea su literatura, porque está felizmente casado y , tiene dos hijos a los que se siente orgulloso de poder hacer felices. Dice que todos los días se arrepiente “de una cosa distinta”.  Y le hace reír “disfrutar de un momento de complicidad con una persona a la que yo quiera”. Perdona, olvida, a una isla desierta viajaría “con un montón de libros” y buscaría cosas para dulces para comer, que le gustan más que las saladas. No lleva reloj jamás, siempre le gusta acabar los textos con la letra a, entre otras manías (“voy a parecer el típico fulano con trastorno obsesivo compulsivo, un TOC de libro. Pero es que estoy lleno de manías. Soy una manía andante”.)  Y en cuanto a los vicios: “no los puedo confesar”. De mayor le gustaría ser Manel Loureiro y si volviera a nacer sería “Manel Loureiro, pero 15 años antes.

La Razón

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