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Cuarto y mitad

 Acaba de hacer su aparición estelar la viagra femenina. Se trata de una pastillita rosa, frente a la azul de los caballeros, que en vez de apuntar al asunto mecánico como la masculina, puro vasodilatador, se fija en el sistema nervioso, ese por el que pasan casi todas las cosas de la sensibilidad  de la mujer. Más allá de si es un puro antidepresivo o si tiene efectos secundarios de nauseas o adormecimiento –cualquier fármaco nuevo que aparece lo hace acompañado de posibles horrores- si contribuye a aumentar la libido  de las señoras o, simplemente a disfrutar más de la vida, aunque sea a través del efecto placebo, bienvenida sea. Sin embargo, sin animo de ser aguafiestas, debo advertir a las féminas que creen en los milagros, que nuestra sexualidad es mucho más imaginativa que la de los varones y no se queda en encontrar el punto G. Por supuesto que es necesaria la satisfacción e incluso la autosatisfacción, pero es cierto que a nosotras no nos es tan imperiosa la necesidad de vaciarnos por vaciarnos. Necesitamos estímulos físicos , pero  también intelectuales. Y no solo para el amor. También para el puro sexo. Si la pastillita en cuestión viene con un manual de instrucciones para el hombre que nos acompaña. de una puesta en escena adecuada, un lugar con interés, un juego determinado y, a ser posible, unas palabritas mágicas –si el punto G no está en el oído,  como dice Isabel Allende, ahí se debe encontrar al menos el punto F-, es muy posible que tenga bastante poco interés. O lo que es lo mismo, la sexualidad femenina no se activa solo poniendo la maquinaria a punto, si no creando un mundo de sensaciones en el cerebro de la mujer, a través del juego. Habrá quien diga que no que a ella lo que le va es el aquí te pillo aquí te mato, con un buen instrumento y dándole al play en el sitio correspondiente; pero a la mayoría de las mujeres, eso nos parece puro aerobic y nos pone mucho más a tono una cena con velas y una buena conversación, antes de la caricia perfecta, que un magreo  profesional sin palabras y sin preliminares. Reconocer  que  la sexualidad femenina es distinta, señoras, no solo no es malo, sino que nos otorga diversos poderes, como el de no estar dominados por el sexo, al tiempo que podemos disfrutar más de lo que los hombres imaginarían jamás, por nuestra capacidad multiorgásmica. Si para descubrirla, aumentarla o para que el señor que tenemos al lado  se ponga las pilas ayuda la viagra femenina, que me pongan cuarto y mitad.
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