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Muerte digna

Entiendo tan bien la dureza que supone para unos padres una enfermedad de las llamadas raras en alguno de sus hijos que ni siquiera cuestiono cuando algunos de ellos se rompen y deciden que es hora de dejar de luchar. Es el caso de Antonio Lago y Estela Ordóñez ,los padres de Andrea. Una niña de 12 años con una enfermedad degenerativa irreversible a quien ellos, los que más la han amado siempre y seguirán haciéndolo cuando desaparezca, han pedido a sus médicos que le retiren el soporte vital y la seden para evitar padecimientos. O lo que es lo mismo que la faciliten una muerte digna, sin más dolor y más angustia. Los médicos que la tratan se han mostrado reticentes. No es que la vayan a curar, ni a mejorar sus condiciones de vida…, pero creen que es lo que ética y legalmente les corresponde hacer. Como ustedes saben los límites de la ética están muy desdibujados y son incuestionables. Sobre todo porque cada uno los escribe donde le da la gana. Así que es cierto que la ética y la moral de los médicos puede empujarles a que actúen como lo están haciendo, mientras que  las de sus padres, unida al profundo  amor por su hija, les lleva a  demandar lo contrario. Todo lo que se relaciona con dejar morir a un ser humano o incluso ayudarle a abandonar la existencia está muy mal visto. En parte porque hay personas que, por sus creencias, no pueden ni considerarlo. Pero lo cierto es que hay quien entiende, como yo, que hay muy poca caridad en prolongar un sufrimiento sin esperanza. Siempre que me preguntan respecto a este asunto, me viene a la cabeza un episodio relatado por Adolfo García Ortega en su magnífico libro “El Comprador de aniversarios”. Se desarrolla en Auswicthz donde los carceleros se divierten con un niño de cinco o seis años en presencia de sus padres. Lo colocan frente a ellos, con los brazos en cruz, y cada vez que el niño, cansado, los baja, le clavan un puñal en distintas partes del cuerpo. Al final le pinchan al lado de la clavícula y acaban con su vida. Sus padres lo ven todo. Es parte del divertimento… Si yo hubiera sido la madre de aquel niño, aún a riesgo de que me cortaran en pedacitos pequeños, hubiera corrido hasta mi hijo y lo hubiera matado yo, para evitarle  tanto dolor. Sé de padres judíos que  a asfixiaron a sus hijos con sus propias manos para evitar que los quemaran vivos…Me gustaría saber qué dice la ética y la moral de todo esto. O las religiones. Me gustaría saber si alguien se atreve a afearles la conducta. O a decir que no tendrían que haberlo hecho…

 

La Gaceta de Salamanca

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