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Ya de forma legal

Hace tres días una afonía severa se le prendió a las cuerdas vocales a una buena amiga que, dos días de silencio después, se había convertido en una completa hipocondríaca. Yo, que he pasado por esa unas cuantas veces, le prescribí mi particular tratamiento farmacéutico para el asunto. Algo que, fíjense ustedes, no podría haber hecho hasta el momento un enfermero, por mucho que supiera infinitamente más que yo. No es que yo indicara una medicación con receta, es que los enfermeros, hasta ahora, no podían recomendar ni caramelos para la tos. ¿Por qué? Pues porque la Ley es así de complicada y tiene vacíos incomprensibles que a veces duran para siempre jamás. Por suerte, no es al caso, y por fin el Consejo de Ministros ha aprobado un real decreto que  los faculta para que indiquen a un señor, que esta con fiebre, que se tome una paracetamol. Por ejemplo. Sí, sí, un paracetamol. El mismo que usted se compra cada jueves y que le da a su madre cuando le duele el codo. Ese. Pues ese,  ya lo puede prescribir un enfermero, sin que le caiga la del pulpo si al paciente le cae mal la pildorita al estómago. Absurdo, sí. Pero celebrable por otra parte. Porque ¿qué culpa tienen los enfermeros de que, a estas alturas, la normativa tenga que ser tan exhaustiva como para que no haya un tarado al  que le de por señalarlos como los culpables de la muerte de Manolete? Para que no quepa la posibilidad, ahí está el decreto. Así que, sigamos haciéndolo todo como antes –al menos yo, que siempre he confiado plenamente en los enfermeros-, pero, albricias, ya de forma legal.

 

La Razón

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