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Las reinas de las buenas maneras: «La regla de oro para ser infiel no es ser discreto… es ser mudo»

Adictas al «Debrett’s Handbook», la «biblia» inglesa de las buenas costumbres, a la que se han referido en muchas ocasiones escritores de la talla de Oscar Wilde, Rimbaud o Wodehouse, la periodista Marta Robles y la escritora Carmen Posadas se han hermanado con el propósito de hacer una versión a la española de esta guía. Son dos valientes que acometen algo tan insólito hoy día como las buenas maneras, y, además, en todos los campos: desde el sexo hasta internet.

Así, entre bromas y veras, acaba de publicarse «Usted primero» (Planeta), un completo manual en el que se habla con libertad de esas reglas no escritas que inquietan a todo el mundo. Robles y Posadas lo hacen a través de la literatura, la moda, la filosofía o el cine. En esta entrevista las «sisters» (hermanas), como ellas mismas se denominan, se quitan o, mejor dicho, se ceden la palabraalternativamente durante una comida en Punk Bach, el restaurante de moda en Madrid: «Nunca lo hubiéramos logrado sin unos colaboradores de lujo que hemos tenido, como Carmen Valiño, Carmen Iglesias o Manolo Blahnik, que nos han hecho disfrutar hablando de normas y elegantes», dice Carmen.

 

-¿Estamos perdiendo las formas?

-CP: Un poco sí. Cada vez que oigo la frase «soy muy auténtica», tiemblo, pues te puedes esperar la mayor de las borderías. Creo que venimos de una época en que había muchas reglas y hemos pasado al otro lado del péndulo.

-MR: Cada grupo tiene sus códigos, pero hay que aprenderlos. Los skaters tienen sus códigos, y los grafiteros sus protocolos, y se respetan a fondo.

-¿Qué es el colmo de la mala educación?

-CP: Esa gente que dice que no hay reglas y que puede hacer lo que le dé la gana. Eso es de un gran egoísmo.

-MR: Me parece de pésima educación cuando alguien te pregunta: «¿A que no sabes quién soy?»

-¿El libro está igualmente dedicado a hombres y a mujeres?

-CP: Por igual, hasta para la gente joven. Hemos tratado las redes sociales, porque internet es un territorio sin ley, es como conquistar el Far West… No hay reglas y cada uno hace lo que le da la gana, pero poco a poco se está estructurando y se crean códigos.

-¿En el sexo hay protocolo?

-CP: ¡Mucho! Leí una vez cómo se aparea la mosca del vinagre, que hace un movimiento de alas cuando quiere y el opuesto cuando no quiere, y su pareja lo tiene asumidísimo. Así que imagínate en los seres humanos. En la cama no todo vale, también hay reglas.

-¿Y en las infidelidades hay también un protocolo?

-MR: En las infidelidades, como en las rupturas, se trata de hacer el menor daño posible. Nosotros no hacemos apología de la infidelidad, decimos que, si no puedes evitar ser infiel, al menos que seas un infiel elegante y no un patán. La primera regla no es ser discreto… es ser mudo. No puedes contar nada a nadie, por muchas razones, y sobre todo porque en lo que tú cuentes no está solo la infidelidad, sino que también estás dejando mal a la persona a la que eres infiel. La regla de oro aquí, para ser un infiel elegante, es por supuesto procurar que no se descubra la infidelidad y, si se va a descubrir, que el primero que se entere sea el afectado.

-CP: Además, en el amor no vale todo. No vale robarle el marido a tu mejor amiga, ni dejar a tu novio por WhatsApp.

-¿Recuerdan alguna situación divertida en asuntos de protocolo?

-CP: Recuerdo a un aristócrata muy rancio que no sabía hablar inglés y le invitaron a cazar growes en Escocia, donde hay que hacer un discursito a los postres que finaliza siempre con una mención a la Reina. Él se había aprendido su discurso de memoria y le salió bastante bien. Pero, al final, para hacerse el fino y con mal acento, lo remató con un «God shave the Queen» (Dios afeite a la Reina).

-¿El piropo más bonito?

-MR: Me empecé a vestir de negro muy jovencita y me dijeron: «Pero ¿quién se habrá muerto en el cielo para que la Virgen se vista de negro?».

-¿Un momento complicado?

-CP: En la boda de mi hermana Dolores, en Londres, todo se improvisó muy rápido y se le olvidó contratar a los camareros. Nos encontramos con boda y nadie que la sirviera. Mi madre quería desaparecer. Lo divertido fue que Miguel Bosé (amigo suyo) y otros invitados hicieron sobre la marcha de camareros amateurs. Fue divertido y tierno.

Ahí queda este manual de uso recomendable para todos los públicos. Cuentan las malas lenguas que sus autoras quisieron titularlo «No me llames ‘‘cariño’’», aunque finalmente lo dejaron en «Usted primero». Sabia decisión.

 

ABC

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