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Marta Robles y Carmen Posadas publican un libro sobre las normas de comportamiento no escritas

NUNCA o casi nunca está justificado perder las “buenas maneras”, aseguran las escritoras y amigas Marta Robles y Carmen Posadas y por eso, unidas por su devoción a la biblia británica de la elegancia y las buenas costumbres, han escrito un libro en el que desvelan las reglas de oro del “saber estar”.

Las escritoras Carmen Posada y Marta Robles, durante la presentación de su libro ‘Usted primero’.

Usted primero, publicado por Espasa, es un manual en el que las autoras, además de normas de comportamiento, comparten con los lectores las reglas no escritas que, explican, conducen a una convivencia “más llevadera”. Desde cómo comportarse en un funeral (esquelas, pésames, entierros y funerales), a cómo lidiar elegantemente con un ex, pasando por las normas ante una primera cita, el sexo, la infidelidad, de cómo recibir en casa o cómo vestirse para diferentes ocasiones hasta las reglas básicas para escribir en redes sociales, el libro quiere ser una guía práctica para el día a día. Es una reinterpretación del famoso Debrett’s británico, aseguran las autoras, que explican que no han tratado solo de aconsejar sobre cómo deben colocarse las copas y los cubiertos en una mesa sino que hablan de Sociología, Literatura, Historia y otras muchas cuestiones.

Y ¿en qué fallan más los españoles?: en los pecadillos de la vida cotidiana, señala Marta Robles: “El no dar los buenos días en el ascensor, no pedir perdón o decir gracias”, detalles que, sin embargo, son la base de la convivencia. Y Carmen Posadas, uruguaya de nacimiento, recuerda cómo, cuando llegó a España, pensaba que todo el mundo estaba enfadado: “Se habla con muchos imperativos”.

EL FALSO SEÑORITO Pero no vale con una pátina de buenas maneras, ya que las escritoras explican que hay gente que piensa que “cumpliendo dos o tres reglas es ya elegante”. “Hay un personaje que me molesta especialmente”, dice Posadas, que es el falso señorito andaluz, “ese que te abre la puerta y te dice lo guapa que estás pero luego es un machista redomado”. Según Robles, “se supone que todos somos capaces de ser elegantes y generosos pero hay gente egoísta que no quiere. Cualquier cosa que hacen es beneficio propio, lo que va justo en contra de la elegancia”.

También hay palabras prohibidas para una persona que quiera saber estar: nada de “cabello” o “vello” (sino, simplemente, “pelo”), “senos” o “pechos” (pecho); “servicio, lavabo o aseo” (cuarto de baño) ni, aunque parezca amable, “buen provecho o que aproveche”. Llamar “papi” al marido y “mami a la mujer es algo innombrable pero hay algo peor: el apelativo “cari”, que consideran “del todo abominable”.

Y es que el lenguaje es determinante: “Uno puede ir vestido de arriba abajo con una ropa excepcional y llevar las joyas más fantásticas, pero si abre la boca y dice lo que no tiene que decir, por la boca muere el pez”. A los políticos, dicen, les vendrían muy bien unas clases “de lenguaje léxico y corporal, de elegancia y generosidad”. “No sé que les pasa en el Congreso, no sé si les meten una pastillita en el agua pero se vuelven muy poco elegantes y en vez de buscar el consenso y de ser generosos y respetar al contrario, parece que hacen lo opuesto”, dice Robles. Los asesores de imagen “se fijan en lo epidérmico y les aconsejan sobre cómo conjuntar la corbata con la camisa, pero luego no prestan atención al lenguaje corporal”, explica Carmen Posadas.

INTERNET El capítulo dedicado a las buenas maneras en Internet es el que les ha llevado más trabajo, confiesan ambas, porque aunque parece que no existen las reglas, hay pautas de comportamiento pero no están reunidas, lo que han hecho ahora las autoras. Las reglas del saber estar en el mundo digital “van saliendo poco a poco”: “Hay que aprender a qué información prestar atención o no, al igual que saber que lo que introduces es información cautiva y que eres presa de ella para siempre”. Por ello, han querido dar “con lo que hay, las mejores pautas para convivir felizmente en este tiempo de transición”.

 

Deia

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