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Una de cucarachas

Cuenta Carmen Posadas que cuando a su madre, recién llegada de Uruguay y mujer de embajador, le colocaron enfrente un plato de angulas, vio a unos gusanos retorciéndose en aceite de oliva que casi le provocaron el vómito… Gusanos carísimos, como saben, que en España pagamos a precio de oro y celebramos como si fueran trufa blanca o caviar –por citar dos manjares a precio de oro-, mientras que en otras partes del planeta morirían de hambre antes de comerlos. Así debe pasar, según parece, con los saltamontes, las hormigas, las arañas y todos esos animalitos de muchas patas que nos dan un asco terrible en determinadas partes del planeta y que, en otras, se zampan sin contemplaciones. Esto viene a cuento de que, engullir un filetón de carne roja empieza a estar bajo sospecha, aunque mucho menos que tomarse un par de salchichas que nunca se sabe a ciencia cierta de dónde han salido. La OMS se ha puesto radical y ha empezado a hablar de carnes procesadas y ha seguido hasta las rojas. Y mientras que, a los que hemos disfrutado sin parar de solomillos y entrecots, o incluso de hamburguesas y hasta de salchichas se nos han caído dos lágrimas, al otro lado del mundo, ese en el que ni huelen las carnazas que nosotros fileteamos con alegría, se les ha estampado una sonrisa en el careto al pensar que nos van a colocar sus larvas de polilla para que hagamos el pan, a partir de ahora, por ejemplo.

 

Servidora, no quiere morirse de cáncer. Ni siquiera morirse, como le pasa a todo el mundo. Pero ya que eso no se lo va a arreglar ni la OMS ni san Pitopato, que quieren, de momento, por mucho que entre probabilidades y posibilidades ande el juego, se queda con los embutidos de toda la vida y los filetes de cuarto y mitad. Sin pasarse. Es decir, sin comerlos todos los días, que no da ni para la salud, ni para el bolsillo. Pero teniéndolos en la dieta de manera equilibrada y disfrutando de ellos con pasión. Eso no quita, para que, si mañana se tercia, me coma saltamontes y hasta grillos…, porque mi cabeza está estructurada para probarlo casi todo.  Pero no me extrañaría nada que, en cuanto me acostumbrara y pidiera que me pusieran una de cucarachas, llegara algún mandamás y me dijera: ¿Ahora ya te gusta sentir su crujir en la boca? Pues que sepas que también provocan cáncer…

La Gaceta de Salamanca

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