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Elegancia eficaz

Esto de escribir un libro sobre buenas maneras y reglas no escritas (Usted Primero, Robles/Posadas, Espasa), implica aceptar toda suerte de preguntas sobre el comportamiento en sociedad. Entre ellas, las referidas al ámbito politico. ¿Los politicos son elegantes? Pues mire usted, no. Ni lo son, ni de momento se les espera. Los británicos decían que ellos conquistaron el mundo con tres palabras: “gracias”, “por favor” y “perdón”. Y Aristóteles Onassis aseguraba que se había hecho rico gracias a ellas. A mí, que intento utilizarlas con frecuencia, no me ha sucedido ni una cosa ni la otra, pero sí me ha hecho sentirme más feliz y me ha ayudado en mi relación con los demás. Aunque los políticos no lo crean, una muestra de educación e incluso una de humildad, no se entiende como debilidad. Bien al contrario: provoca más simpatía entre los votantes y hasta en los adversaries, que ese tratar de darles lecciones y situarse siempre por encima, tan habitual entre ellos. Benjamin Franklin solía decir que para ganarse a un enemigo, la táctica infallible era pedirle un favor. Y como algo debía saber el hombre, no estaría mal que nuestros politicos  empezaran a plantearse, de una santa vez, dejar de dar clases a los demás y pedirles que les enseñen. Que todos aprendieran de todos y se comportaran con la máxima racionalidad. Es decir, intercambiando conocimientos, hasta llegar al consenso. Precisamente, según científicos reputados, es el intercambio de conocimientos lo que nos aleja de los animales irracionales (ya sé que viendo el comportamiento de algunos en las redes sociales nadie lo díra, pero es así); y deberían ser los políticos, dirigentes de la sociedad, los que lo abanderaran, en favor del bien común. Eso implicaría generosidad y respeto a lo ajeno, que es la base de las relaciones personales y, en definitive, la de las buenas maneras. Esas que algunos pretenden reducir a saber utilizer los cubiertos, pero que van mucho más allá, porque marcan los códigos de pertenencia a los distintos grupos,  gracias a los que los seres humanos podemos convivir en sociedad y convertirnos en personas. Una vez más, aunque ya sé que me repito como el gazpacho, me gustaría decirle a los politicos que su sabiduría, si es que existe, se haría mucho más visible si fueran elegantes, o lo que es lo mismo: generosos. Y que si lo fueran y se escucharan, se atendieran y procurasen buscar consenso, su elegancia sería, además, una elegancia eficaz.

 

La Gaceta de Salamanca

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