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Jubilarse y enterrarse

El poco respeto que le tenemos a nuestros mayores en esta sociedad del siglo XXI empieza en la Seguridad Social. Se me viene el asunto  a la cabeza, por lo de los extras de Ocho apellidos catalanes, una película cuyos productores quisieron hacer sin asomo de dinero “B”,  claro, para lo que dieron de alta a todo el mundo, incluidos los jubilados que actuaron como figurantes.  Los mayores estaban encantados. Salir de la rutina además de  conseguir un ingreso extra con el que premiar a sus hijos o nietos a determinada edad es un auténtico regalo; lo que ellos ni sospechaban es que se trataba un regalo envenenado. Y no porque la productora quisiera hacerles una faena, no. Para eso ya está la Seguridad Social. Le explico: Empleo advierte de que el disfrute de la pensión de jubilación es incompatible con el trabajo y determina la suspensión temporal de las prestaciones. Hay excepciones y, en ocasiones, se permite cobrar el cincuenta por ciento de la pensión mientras se recibe la retribución del trabajo realizado; pero en muchos casos, no hay opción y el pensionado se queda sin su dinerito estipulado. Hay más cosas en este asunto, pero lo llamativo es que, si un señor de setenta años, pongamos por caso, es un genio de la escritura, no puede arriesgarse a escribir un libro, porque le puede costar la pensión. Dirán ustedes: “claro, pero a cambio saca lo que perciba por el libro”.  Y eso, ¿quién se lo asegura?  ¿O acaso hay alguna certeza respecto al éxito de una obra? Era un ejemplo. Pero hay muchos más. Así que uno se pasa la vida trabajando y pagando a la Seguridad Social , mes a mes y año a año, con todo el gusto de ayudar a quienes lo necesitan, y, cuando le llega el momento ,empieza a darse cuenta de que su pensión le va a costar sudor y lágrimas. Sudor, por las gestiones, por el estado de vigilancia y por no poder dedicarse más que mirar a la lontananza, ni un día siquiera, si quiere cobrarla completa, por ínfima que sea, y lágrimas, porque si los últimos quince años de trabajo le van peor que los anteriores, verá como se reduce su merecida compensación Vamos que o mantiene el ritmo de salario hasta que se jubila o si no, se encuentra en los años de jubilación, independientemente de sus contribuciones o de que haya trabajado muchos más años que otros, en el borde de esa miseria que, además, tiene que agradecer, y por supuesto no jugarse con ningún tipo de tarea… Es decir que lo de jubilarse no es descansar, es enterrarse.

 

La Gaceta de Salamanca

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