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“Lo más sexy del mundo es escuchar. ¿No se dan cuenta?”

“Lo más sexy del mundo es escuchar. ¿No se dan cuenta?”
Marta Robles mantiene que “descodificar a una mujer es mucho más difícil que a un hombre”. El libro lo testaron con su troupe familiar, que ella define así: “Mis tres hijos –8, 11 y 20 años– y los de mi marido, de 29, 30 y 33” (Àlex Garcia)

 

Antes de terminar la carrera Marta Robles era ya una joven y prometedora redactora de la revista Tiempo. Trabajó después en TVE, Tele 5 y Antena 3. La radio la atrapó a los 26 años: Intercontinental, Cadena Ser, Onda Cero. Autora de nueve libros, con Luisa y los espejos se llevó el pasado año el Fernando Lara de novela. Y durante todo ese periplo ha demostrado ser una maestra en la disciplina del saber estar.

¿Una guía de buenas maneras y elegancia en el mundo digital, que es la invasión más absoluta de lo privado?

Razón de más. Las buenas maneras deberían ser indispensables en los sitios más inhóspitos, de acceso general, como las redes sociales. Sin contener nuestros defectos esto sería la jungla.

¡Ojo con el WhatsApp!, advierten. Porque todo lo que se escribe suena más íntimo que lo que se dice de viva voz.

Uno suele escribir en caliente pero eso le llega al receptor a una temperatura distinta. ¡No olviden jamás que lo que dejen escrito puede llegar a terceros!

Tendrá amigos que no se atreverán ni a invitarla a cenar, por si no están a la altura…

Una íntima amiga mía me dijo: “Uy, que lejos estoy de todas esas reglas”. Y, curiosamente, ella es enormemente generosa y elegante. Elegante en el sentido que nosotras entendemos.

¿Aquello de “elegante es no hacer daño a nadie”?

De esa frase nació el libro. Si me preguntan por una actitud de hombre elegante, ¿sabe en quien pienso? En el papa Francisco.

¿Cómo?

Dice las verdades justas, con contundencia, pero sin hacer daño.

¿Y una mujer elegante?

Audrey Hepburn. Elegancia natural en un cuerpo menudo.

No me ha citado a Isabel Presley, menos mal. Por cierto, ¿por qué hizo mal en ponerse unos stilettos en el entierro de su último marido?

Porque los funerales no son para lucir. Debió guardarlo para otra ocasión. Tampoco me gustó Ana Patricia Botín, que se puso un vestido sin mangas, muy ajustado, de cóctel, negro… muy mono, pero… ¿qué pensaba uno?

Que sólo le faltaba la copa de martini en la mano.

Pues eso. Otra cosa a tener en cuenta en un funeral es no llorar.

¿Por no robar protagonismo a los más íntimos?

A las plañideras las contrataban y lloraban de mentira. A ese tipo de lágrimas me refiero, las falsas. Una cosa es la lágrima que se escapa y otra el alarido.

Si no sabes qué camino tomar, escoge la sobriedad. Parece su lema.

Cosa de generación. Pero no se crea, tengo un hijo grafitero y también ellos tienen su código.

Dice que la cortesía es sexy.

Lo más sexy del mundo es escuchar. ¿No se dan cuenta? ¡Ni vestido ni maquillaje!, lo más sexy es escuchar.

Pues no es muy habitual.

Hazle sentir a quien tienes delante que es único para ti en ese momento, que no existe nadie más, sea hombre o mujer, y caerá rendido a tus pies. Cortesía no es abrir una puerta o retirar una silla, es preocuparte por el contrario. El cortés es inteligente y nada démodé. Y se equivocan quienes creen que sólo es cosa de hombres. ¡Estamos en el siglo XXI!

Incluyen “reglas de oro de la infidelidad”. Significa eso que la asumen como inevitable.

Aunque parece que el ser humano es monógamo sucesivo no hemos hecho en absoluto una apología de la infidelidad.

Pues dan pistas.

No, no, nosotros advertimos: con la infidelidad te puedes cargar tu vida, tu matrimonio, tu trabajo, tu felicidad. Pero si, llegado ese momento, no puede evitarlo, ­entonces debes ser un infiel elegante.

¿Cómo es el infiel elegante?

Mudo. Trata de hacer el menor daño posible. No explica nada que traicione porque entonces, además, dejaría de ser leal.

Prohibido enamorarse.

¡Es la frontera! Ahí frena. Cuando te das cuenta de que no será pa­sajero, de que es algo más importante, debes confesar. No puede ser él el último que se entere.

Oiga, ¿no teme que la acusen de frivolidad, usted que ha sido presentadora de informativos?

El que crea que ese libro es frívolo es que no lo ha leído. Y no hay mayor frivolidad que hablar de un libro sin haberlo leído o mirando sólo la solapa. Y sí, he hecho informativos prácticamente en toda las cadenas.

Fue la primera mujer que presentó en solitario un informativo de las 21 h en Antena 3.

La estilista me preparó un blazer rojo y al día siguiente alguien dijo: “Claro, guapa estaba, pero… ¿qué aporta?”. ¡Hoy presentan informativos vestidas de cóctel!

¿Se metieron con algo más de su aspecto?

Me dijeron que si quería dar credibilidad a los informativos debía cortarme el pelo. Les contesté: “vosotros creéis como Schopenhauer que las mujeres son animales de pelo largo e inteligencia corta”. Y no me lo corté, claro, Esas lacras perviven, es patético.

Al político le dan una colleja. ¿No deberíamos exigirles en lugar de rendirles pleitesía?

Sin duda. Los políticos tienen un problema: les falta elegancia. En el Parlamento, ni le cuento. A mi me da igual que lleven coleta o corbata pero sí les exijo elegancia entendida como generosidad. Me interesa decir, desde aquí, que la principal meta de los políticos debería ser alcanzar acuerdos. ¡Y mire donde estamos!

¿De cual de sus entrevistados deberían ellos tomar nota?

De Aranguren, el filósofo, un hombre que lucía una enorme sensibilidad y humor. Les haría falta. A mi me ganó diciendo una barbaridad –que era la Lauren Bacall española– pero al margen de bromas, era extraordinario.

¿Por qué incluyen el episodio “cómo hablar de religión con un musulmán? ¿Hacía falta?

Lo incluimos porque en nuestra sociedad plural ya empezamos a relacionarnos con personas que se rigen por otros códigos.

¿No se están metiendo en jardines morales?

Hablar de religión y política en una cena no es cómodo, es cierto. Y como no queremos ser doctas en nada ponemos observación, documentación y una pizca de humor al servicio del lector para salir airosos de esa conversación.

No todo el mundo sirve para mandar. ¿Cuál es el error más común que hace que un jefe nunca llegue a líder?

He tenido muchos jefes y he sido jefa muchas veces. He dirigido programas desde los 28 años. El error más tremendo de un jefe es elegir gente mediocre para su equipo, esa cobardía. El listo, el buen jefe, busca gente brillante, incluso más talentosa que él.

El libro revisa el mobbing laboral y sexual. ¿Lo ha vivido?

Mejor no personalizamos. Pero lo cierto que ahora podemos hablar de esto. Durante muchos años era imposible. El mobbing es algo muy difícil de demostrar, terrible, porque incluso demostrando una depresión te obvian. Los acosadores en el trabajo son muy sibilinos.

Citan a Yourcenar: “Exageráis la hipocresía de los hombres. La mayoría piensa demasiado poco para permitirse el lujo de poder pensar doble”. O lo que es lo mismo: “Las mujeres somos más hipócritas”.

Tal vez lo seamos un poco más porque no nos quedó otra opción, nos hemos pasado media humanidad en la trastienda. Algunas tuvieron que firmar con nombre de hombre. Nos hicimos más crípticas para que no nos lapidaran. Hipócritas pero no fariseas.

 

La Vanguardia

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