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Marchando una de encuestas

 

¿Saben ustedes qué dicen las encuestas? Que ganan todos. Como lo leen. O mejor dicho, ganan PP, C’s y PSOE, así por este orden, porque Podemos anda ahí, un poquito descolgado, en cuarto lugar. El caso es que, cuando digo que ganan todos es así, porque teniendo en cuenta nuestra Ley electoral, que el PP vaya a ser el partido más votado, como parece, no le garantizaría ser también el que gobierne. Eso dependerá, casi seguro de C’s que, de momento, claro, no dice que va a pactar con éste o con aquel porque, caramba, lo que quiere es que le voten a él y decidir presionar e incluso gobernar… Una servidora querría que los pactos se hicieran en función de lo que fuera mejor para el país. Una tontería, ya ven. Nada más ni nada menos, que la esencia de la vocación de servicio que debe tener un político. Pero no nos precipitemos, que lo del los pactos está por ver. E igual hasta nos sorprenden para bien, con generosidad y esas cosas tan pasadas de moda. Antes de llegar a eso que pasará, sí o sí –y bienvenidos sean los pactos, habida cuenta de cómo usan los partidos las mayorías absolutas-, estamos en lo de las encuestas. ¿Para qué se hacen? Pues las internas de los partidos para obtener información e ir moviendo fichas o preparándose para moverlas (“A ti te toca donde la torre, tú te quedas en alfil, tú confórmate con ser peón y tú estás fuera de la partida…”) y las de los medios e instituciones para influir sobre sobre el electorado. Vamos que, de fiar, de fiar,  no son. Primero porque los encuestados mentimos como bellacos en las preguntas a pie de calle –si no, teniendo en cuenta la cantidad de veces que juramos que vemos los programas de animales de la 2, imaginen el tiempo que llevarían en la 1-, y segundo porque, quien más y quien menos, ofrece su propia encuesta, con resultados ligeramente escorados hacia el sitio que considera oportuno para que los votantes se inclinen más por hacer esto o aquello otro. Porque, no lo duden: las encuestas, más o menos veraces, influyen. Y lo hacen sobre los indecisos.  Porque hay votantes fieles a su partido, haga lo que haga…, pero, por suerte en Democracia, ya hay quien es capaz de cambiarse de formación sin despeinarse. Y en ese amplio espectro, donde nos encontramos tantos, es donde la influencia de las encuestas se nota más. ¿Una recomendación? Que voten con la cabeza y con el corazón. Y que sepan que el voto siempre es útil, se vote a quien se vote e incluso si se vota en blanco o no se vota por convicción.

La Gaceta de Salamanca

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