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“Existe una relación directa entre las emociones y la alimentación”

Carolina López-Ibor Vega-Penichet
Psicóloga sanitaria. Directora de Reactiva López-Ibor. Master en terapia familiar y de pareja
Cuando las emociones nos sobrepasan, ¿nos refugiamos en la comida?
Sí, eso es lo que nos suele pasar… ¡desgraciadamente! El problema viene de la enorme dificultad que tenemos a la hora de relacionarnos con las emociones. Nos asustan y creemos que podemos escapar de ellas, y una forma para no afrontarlas es tapándolas con la comida.
¿A qué tipo de alimentos solemos recurrir mal cuando nos encontramos tristes? 
La mayoría recurrimos a los dulces, al chocolate, a los alimentos “prohibidos”, a los que no nos permitimos tomar cuando estamos bien. Recurrimos a estos alimentos buscando el efecto calmante o de placer que contrarreste la tristeza.  Pero al final lo único que conseguimos es huir de emociones que, tarde o temprano, deberemos afrontar.
También se ha demostrado en estudios recientes la relación que hay entre emociones y alimentación. Las emociones producen alteraciones en la secreción hormonal que condiciona la necesidad de ingerir alimentos específicos. Esto explicaría por qué recurrimos a determinados alimentos
Hay personas que en las crisis comen más que habitualmente y otras que por el contrario dejan de comer ¿no?
Efectivamente. Hay que tener en cuenta cómo la persona se relaciona habitualmente con la comida y cómo lo hace con sus emociones, eso nos dará pistas de lo que ocurrirá. Pero en general, cuando estamos en crisis, el descontrol se acentúa y aparecen los extremos. Las personas que cuidan mucho su alimentación y que tienden a restringir la comida sentirán que “se les ha cerrado el estómago y no pueden comer”. Mientras que las personas que habitualmente disfrutan de la comida se dejarán llevar por las emociones descuidando su alimentación.
Lo más habitual es que las emociones negativas como el desprotección o el abandono provoquen sobre peso ¿no?
Así es. Mucho tiene que ver con la huella que dejan esos sentimientos en nuestra autoestima. El abandono es la gran amenaza a nuestra necesidad de sentirnos amados y protegidos. Cuando aparece, nuestra seguridad básica se tambalea,  buscando la razón del abandono en un fallo o defecto propio, incluso puede generar culpa. Esta infravaloración, autocrítica y baja autoestima desencadena un abandono general de la persona, y el primer afectado es la alimentación.
¿Y cómo podemos luchar contra estos impulsos que nos incitan a comer mucho y además a comer peor en distintas situaciones de la vida?
Debemos tomar conciencia de cómo nos sentimos en nuestro día a día. Funcionamos como robots, sumergidos en la rutina cumpliendo nuestras obligaciones. Y nos olvidamos de nosotros. . ¿Cuántas veces te preguntas “cómo estoy”? Seguro que ninguna… Deberíamos crear el hábito de pararnos, mirarnos y escucharnos. Entonces podremos ser consecuentes con lo que sentimos, resolviendo las situaciones según van apareciendo. De este modo evitaremos que las emociones se acumulen y nos desborden irrumpiendo descontroladamente, afectando a la alimentación, y a muchas otras cosas. 
¿Y existen emociones que equilibren nuestro peso? Es decir, la autoestima o la seguridad, o la confianza en nosotros mismos, ¿pueden equilibrar nuestra forma de comer y nuestro peso?
Cuando tenemos la autoestima alta, seguridad y confianza en nosotros mismos sentimos que podemos con todo. Nuestra mirada nos permite ver más allá de los problemas, sin atraparnos en emociones negativas que alteren nuestra alimentación. Nos atrevemos a afrontar la vida con todo lo que implica, sin recurrir a nada que nos distraiga del objetivo. Sin duda ellas son nuestras mejores aliadas.
Suplemento de salud de La Razón
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