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Quiero otra presentadora, la tele y cinco ministerios

Andaba yo ayer grabando una cosa para la tele cuando van y me cuenta que, cuando se emitía en Telecinco el programa “Hable con ellas” (El de las cinco chicas, ¿recuerdan?) Pablo Iglesias dijo que no iría a menos que le entrevistara una sola presentadora, y no de las cinco que trabajaban en el programa, sino de fuera, y elegida por él.  (No fue, claro) Metida esta información en una coctelera, junto al cinismo velado y amenazante de esa frase regalada a una periodista respecto al abrigo de pieles que llevaba “precioso abrigo de pieles el que trae usted” y esas ganas de controlar la información, empezando por RTVE y siguiendo, como ha dicho en más de una ocasión por las privadas, parece indicar que el talante de este hombre no es ni  muy moderno, ni muy democrático. Es más, parece hacer ver que quiere recortar todas esas libertades conseguidas en Democracia, que tanto trabajo nos ha costado lograr. Yo entiendo bien que exista un movimiento social comprometido en unos tiempos difíciles en los que  todos nos hemos sentido engañados por el poder político; pero no me cabe en la cabeza que Pablo Iglesias piense que queremos que nos quite nuestros derechos de libertad y que sea él quien marque hasta lo que vestimos, comemos o la información que tenemos que recibir. ¿Qué será lo próximo? ¿Censurar las películas? ¿Retirar los carteles de las obras de teatro que no se muestren favorables al “régimen”? Miren, para atrás, ni para tomar impulso. Pero ni con corbata, ni con coleta. De lo que se trata es de restaurar el espacio político, sí, pero llenándolo de respeto, de posibilidades de acuerdo, de formación y capacidad para dirigir destinos y de esa transparencia que imposibilite las trampas de los políticos. Que la nueva política se base en vestirse de una manera o de otra, en criticar al que elige ir distinto y en adoctrinar al pueblo impidiéndole recibir otros mensajes más que los señalados, parece absolutamente indecente. Como también lo es que alguien se pida éste, ése y áquel ministerio sin siquiera haberlo hablado previamente con quien presidiría el Gobierno o incluso que se lo cuente antes al mismo rey a quien su nueva compañera y amiga, ministrable, naturalmente, amenazó en su día vía twitter con “lanzar a los tiburones a los borbones” y con unos “recortes que serían de guillotina

 

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