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un giro hacia la cordura

Susana Díaz, la presidenta de la Junta de Andalucía, para hablar de acaecido en Cataluña dijo:  “Fue un paso más en un disparate”. Y yo lo suscribo.  No solo es que no se entienda cómo se desarrollaron los acontecimientos en el parlamento catalán y como se defendieron los tejemanejes más insólitos para poder formar ese gobierno  de “last minute”, sino que todo  cuanto sucedió , puesta en escena incluida, no es más que una patada a la legalidad. Y nadie, absolutamente nadie, tiene derecho a saltársela. ¿O acaso creen ustedes que hay que permitírselo a los catalanes y no a los extremeños?  En estas horas tan difíciles dónde todo es pura especulación y  dónde los políticos deberían volver a revisar de dónde nace ese alto –que no mayoritario- sentimiento independentista catalán, hay que precisar que si los dirigentes catalanes se deciden, por ejemplo, a dejar de pagar a la Hacienda española, porque quieren una propia, pues tendrán que ir a la cárcel, como todo hijo de vecino que lo hace.  Igual que si mañana acuerdan instaurar, qué se yo, la guillotina, y cargarse a los de León (y qué me perdonen los leoneses). Por mucho que lo justificaran diciendo que lo habían aprobado en su parlament  , el asunto tendría legalidad cero y la Guardia Civil o los Mossos de Escuadra o el Capitán Trueno si hiciera falta estarían sobradamente respaldados por la Ley para ir a detenerlos y llevarlos derechitos a prisión, por asesinos. Vamos, que no basta con que yo mañana me reúna con mis vecinas de rellano  y decidamos quemar el ascensor porque vivimos en el bajo y a  nosotras no nos sirve de nada: hay que ponerse de acuerdo con el resto de la comunidad. Los independentistas han montado este lío terrorífico enarbolando la bandera de la Democracia y no se dan cuenta  -o sí se la dan, y entonces es peor- de que van en contra de ella. La Democracia procura la igualdad y está claro que  los catalanes independentistas defienden sus propios intereses, por encima de los de los demás, e incluso se arroban el derecho a decidir sobre los otros. Porque, oigan, se trata de decidir sobre un país, que es de todos los españoles, así que son todos los españoles los que deberían decidir. Ellos parecen enrocarse en eso de que son diferentes; pero  ¿acaso alguno de ustedes se siente igual a los demás? No sé a dónde llevaran los acontecimiento, pero espero alguien de un giro hacia  a la cordura, aunque sea a base de camisas de fuerza.

 

La Gaceta de Salamanca

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