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El gesto de Alejandro

Denme ustedes fiesta hoy, o me la doy yo solita, y me abstengo de hablar de pactos, o no pactos, y de corrupción a borbotones, de la que ya no nos deja creer en casi nada, y le doy color a esta columna con una historia de gestos y compromisos. Que no todo va a ser malo, oigan. De cuando en cuando, hay gente que se juega hasta su escenario con tal de defender una causa justa. El último, Alejandro Sanz, hombre relajado, músico prodigioso, cantante venerado, pero sobre todo una persona a la que ni el brillo del éxito le ha cambiado la forma de ser. Alejandro, hay cosas con las que ni podía cuando era desconocido, ni puede ahora.  Es así. Pero en vez de decirlo desde el altavoz de la fama, dándose golpes de pecho, va y pone su granito de arena., saltando al ruedo con decisión. Lo hizo hace tiempo apareciendo en la inauguración de un jardín de juegos para niños con cáncer, o recientemente, al sumarse a la causa por los venezolanos, que ya había defendido años atrás. Pero su último momento estelar en cuestiones solidarias ha sido  el de abandonar la comodidad de su escenario bien iluminado  para plantarle cara a un agresor que estaba maltratando a una mujer. Con la violencia ajustada, es decir, sin pasarse, pero con la contundencia debida, Alejandro Sanz no dudó en enfrentarse al tipo, hasta que los agentes de seguridad actuaron y lo expulsaron del establecimiento.  Ocurrió en México, donde Sanz acababa de comenzar un concierto,  sonaba la Música no se toca. Alejandro vio y y no dudó… Luego volvió a su puesto, pidió disculpas por el episodio, explico que no concibe que nadie toque a nadie y menos a una mujer “a la mujer no se la pega”, y siguió con su música. El aplauso le llegó después y no solo por su actuación artística, sino también por la personal. Alejandro a quien tengo el honor de conocer desde el inicio de su carrera, que he seguido con admiración y orgullo patrio, sigue siendo el de siempre. Ese chico –por más que ya haya cumplido los 47- dispuesto a cantar con el corazón, a partírselo por amor y a dar la cara por quien haga falta, si la ocasión lo requiere. Me resulta especialmente destacable en estos días en los que casi nadie se quiere meter en líos por los demás. Me gusta el gesto de Alejandro. Un gesto que hace falta:  es una gota más en la inmensidad del océano de la violencia contra las mujeres, que hace que se registren unas 355 denuncias y 64 órdenes de alejamiento al día en España…, o que  en México el 60 por ciento de las  mujeres mayores de 15 años hayan sufrido algún tipo de violencia.

 

La Gaceta de Salamanca

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