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Agitadores de Twitter

Algunos los llaman jauría de trolls. Y en ocasiones lo son. Trolls organizados que distorsionan la realidad, como si fueran paranoicos, hasta volverla completamente falsa y por supuesto dañina. Otras, son solo agitadores de twitter, a veces Incluso periodistas, que de esta forma torticera y mentirosa, suman seguidores.  Yo los he sufrido tan solo en un par de ocasiones. La última, hace apenas un par de días. Unas declaraciones mías en televisión sobre que no todas las tiendas podían tener todas las tallas y que quizás algún tipo de ropa podía favorecer menos a las personas con sobrepeso sirvió de detonante para que un “compañero” tradujera  mi razonamiento en un falso: “si eres una p… gorda y no te queda bien una prenda, no te la pongas, que molestas a la vista de los demás” y añadiera con la peor intención que “el criterio estético-moral de @martaroblesg es: si no te queda bien, te j…” Todo perfectamente distorsionado hasta la ofensa, para provocar la reacción inmediata en twitter y los insultos concatenados. De nada servía explicar, ni siquiera que se viera que jamás había utilizado esas palabras y que mi razonamiento partía de una verdad indiscutible: No todas las tiendas pueden tenerlo todo, porque tampoco les compramos todo lo que tienen. El hecho de que yo, desafortunadamente, citara una prenda que pensaba que a lo mejor era menos adecuada para personas con sobrepeso (entoné el mea culpa y lo vuelvo a entonar, porque es cierto que cada persona debe ponerse lo que le haga feliz y nadie tiene derecho a opinar) le sirvió a este profesional de la agitación tuitera para dirigir un agresivo ataque organizado,  y que casi  tuviéramos que batirnos en duelo. Sobre este mismo asunto debatieron el pasado viernes Antonio Lucas, Manuel Jabois y Arturo Perez-Reverte, periodistas, hombres de letras y tuiteros  o facebuqueros reconocidos, que se reunieron en Burgos para hablar del asunto, en el marco de una nueva edición del Congreso Iberoamericano sobre Redes sociales. Debatieron sobre el troleo malintencionado que conduce a controversias inexistentes y de cómo los que lo sufren(sufrimos) intentan explicar, convencer, hasta que se dan cuenta de que la discusión carece de sentido y no lleva a ninguna parte. Máxime cuando el que ha retorcido el tuit o la declaración a partir de la que trolear lo hace queriendo imponer un criterio moral y haciendo creer al resto que lo que se ha dicho es inmoral.

Ante la agitación en las redes, fabulosa herramienta del siglo XXI por otra parte, lo mejor es no dejarse llevar. A ver si, para la próxima, me lo aplico…

 

La Gaceta de Salamanca

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