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Fieles o muertos

Hay cosas que no admiten discusión. Como que la cultura europea, cristiana y humanista, no tiene nada que ver con la musulmana. De ahí ese enfrentamiento constante. En Marruecos, por ejemplo, tan cercano a nosotros, no son los musulmanes terroristas quienes castigan a los homosexuales. Los que los agreden y exhiben desnudos y ensangrentados están  casi refrendados por los tribunales. En el último caso, por uno de Beni Melal, en el centro de Marruecos que, además, ha condenado a una de las víctimas a dos meses de cárcel y a una multa de 500 dirhams, la otra consiguió huir.  A esos dos jóvenes fueron sus propios vecinos los que, tras forzar su puerta, irrumpieron en su habitación y les golpearon hasta hacerles sangrar, antes de echarlos desnudos a la calle. Sabían que no se debían tomar la Justicia por su mano, pero también la Ley condena a esos chicos. Por ser homosexuales. No somos iguales, lo siento. Y yo, permítanme que lo repita  de nuevo, no quiero retroceder ni para tomar impulso. No quiero que a las mujeres y a los homosexuales se nos recorten los derechos que tanto ha costado que nos reconocieran. Y no quiero que nadie me adoctrine con una religión que, además, lleva implícita un modo de vida en absoluto acorde a nuestra Constitución y a nuestros principios de igualdad.  El caso es que, mientras los atentados se suceden y los musulmanes malos matan por doquier hay otros, buenos ,que hacen otras cosas que no nos gustan, porque ellos consideran que ese es el camino adecuado. Como condenar hasta con tres años de cárcel a los homosexuales por serlo Está claro que ese camino no tiene nada que ver con el nuestro. Pero hasta que no nos atrevamos a decirlo en voz alta, a especificar que no queremos que nada de eso pase en nuestros países –mezquitas incluidas donde los mensajes incendiarios deberían ser recogidos siempre por un traductor, habida cuenta de que, en algunas  hasta se gestan atentados-, seremos cómplices de las tragedias que sucedan. De nada sirven las velas y los lloros. Es imprescindible dejar claro que más allá del problema de ubicación de los refugiados y los inmigrantes, está el de sentar las bases de una convivencia. No se trata de cerrar fronteras sino de exigir compromiso a los que lleguen. De que sepan que, en nuestros países, ser bueno es otra cosa. Y exige no castigar a homosexuales o lapidar a adúlteras, sino respetar la igualdad de todos los seres humanos. Si no somos capaces de lograr que los musulmanes buenos, los que están en contra de la violencia, sepan que algunas de sus normas están prohibidas entre nosotros y  hacerles renunciar a ellas, difícilmente podremos plantarle cara a los malos. Y acabaremos como pretenden o volviéndonos fieles o muertos.

 

La Gaceta de Salamanca

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