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“La culpa tiene muchas formas de manifestarse”

 

CARMEN DURAN, psicóloga, autora de “El sentimiento de culpa” (Kairós)

 

Charlar con la psicóloga Carmen Duran es algo así como aprender a reconocerse. Ella, que es una mujer menuda de sonrisa permanente y  de voz suave, es contundente en los juicios respecto a la culpa o mejor dicho a “El sentimiento de culpa” (Kairós), que es, además, el título del último libro que ha publicado. Doscientas veintiséis páginas repletas de sabiduría, a través de las que la autora nos propone un viaje curioso a nuestro interior, para que reconozcamos y reutilicemos –para bien, claro- ese sentimiento de culpa con el que atravesamos la vida. Pero ¿qué es eso, exactamente? Se preguntarán ustedes sin saber, que todos lo sufrimos de una u otra manera. “En esencia, – explica Carmen Durán- la culpa es lo que sentimos cuando hemos hecho daño a la persona amada con nuestra agresividad. Se construye sobre la sensación de haber hecho algo considerado como malo y la emoción de pesar que la acompaña. Desde la sensación primigenia, se extiende luego a todas aquellas conductas que se saltan las reglas, como una señal indicadora de que se han transgredido las normas morales impuestas por la comunidad.  Y la multa emocional de esa transgresión es la culpa” Vivir en sociedad, está claro, es una multa. Incluso para quien pretende caminar por la vida sin hacer daño. Los errores se pagan, como no, y algunos, hasta dos veces, porque antes de que nos los castiguen, nos los castigamos nosotros mismos. No se trata de que seamos indulgentes con todas nuestras faltas, pero a veces tenemos que perdonarnos. Otras, es mejor que seamos conscientes de ellas “El sentimiento de culpa es una herramienta de nuestro psiquismo cuya función es avisarnos de que hemos hecho algo mal. –cuenta Carmen- Así que como tal, no es bueno ni malo. Depende del uso que le demos a esa herramienta. Si la culpa la capitaliza el ego y sus implacables exigencias de perfección, que nos reclaman ir más lejos de lo que nuestro condicionamiento y los limites tanto personales como de la especie nos imponen y la gestiona una conciencia moral muy rígida y severa, nos hace daño. Si la culpa se queda en ser una función de alarma que nos avisa del daño hecho al otro, que puede provocar su abandono, entonces cumple un importante papel” Lo que está claro es que, quien no haya sufrido el sentimiento de culpa alguna vez, que levante el dedo. O lo que es lo mismo, que es consustancial al ser humano y, como decía Carmen Duran, sin excesos, para bien “Sí. Es algo que está presente en todos los humanos, porque todos nacemos como seres muy desvalidos, necesitados del calor y cuidado de un miembro adulto de nuestra especie. La culpa nace de la ambivalencia de los sentimientos, de la mezcla de amor y agresión dirigidos hacia la misma persona, aquella que nos ama y nos cuida, pero que también nos frustra y, a veces, nos invade. Esta mezcla es característica de todos los humanos. Pero para que aparezca la culpa con su aspecto de genuina preocupación por el otro, hace falta que las necesidades vitales del bebé hayan sido cubiertas y que se haya sentido amado”. Esa es la culpa. O su germen, claro. Porque vivimos en sociedad, y más allá de nosotros mismos y de los nuestros está la culpa moral, supongo “Claro. Y va a ser más o menos intensa en función del entorno cultural. No es lo mismo la culpa calvinista, donde nuestro destino está predeterminado de alguna manera, que la católica, donde la idea del libre albedrío está más presente. Si nosotros podemos elegir nuestro destino y elegimos mal, la culpa es toda nuestra. En gran parte de la cultura oriental, donde se asume el planteamiento de Buda “los acontecimientos suceden, las acciones se llevan a cabo, pero no hay ningún hacedor individual”, las personas asumen que solo son actores en el drama de la vida, no autores y eso aligera el sentimiento de culpa. En cualquier caso, este sentimiento puede ser consciente, estar desplazado sobre algo diferente de su verdadero origen o mantenerse en el inconsciente siendo reprimido y negado, como si no existiera”. Pero en realidad, aunque parezca que no existe, ahí está. Porque la culpa, incluso aunque la neguemos, nos persigue sin compasión, de diferentes maneras, como diversos son los sentimientos de culpa “La culpa tiene muchas formas de manifestarse pero podemos distinguir: la culpa psicológica, que tiene que ver con nuestro mundo interno, con las emociones o impulsos prohibidos; culpa moral que tiene que ver con el incumplimiento de las reglas éticas de nuestra cultura y culpa legal que deriva de haberse saltado las normas legales de nuestra sociedad, que no siempre va acompañada por sentimientos de culpa. Y luego, en función de las personas que son objeto de la culpa, está: la culpa de origen materno, cuando la sentimos hacia personas que nos aman y nos reprochan por no responder adecuadamente a su amor; la culpa de origen paterno, que se refiere a lo que sentimos cuando nos saltamos el orden establecido por la autoridad, humana o divina y la culpa de origen fraterno, cuando le fallamos a nuestros iguales, rompemos la lealtad al grupo y dejamos de ser solidarios. Luego está la culpa de contenido ideacional, el que se siente culpable de haber nacido porque siempre vivió como una carga para la madre o la familia o por haber sobrevivido cuando otros han muerto. Y está la culpa por hacer, pensar, o sentir algo que no está considerado correcto o adecuado.” Está claro que la culpa nos acompaña, a todos, de una u otra manera. El secreto está en mantenerla a raya y no dejar que nos abrume más de la cuenta. Si lo conseguimos, habremos logrado también, según cuenta Carmen Durán en “El sentimiento de culpa”, transformarla en un sentimiento positivo. Pero ¿Cuál es la fórmula mágica? “Para reconvertir ese sentimiento y evitar que influya de manera negativa en nuestra vida lo que podemos hacer es reconocerlo. Tomar conciencia de aquellos aspectos que consideramos malos, del rechazo a asumir la culpa, de aquello que es la causa real de nuestro sentimiento. Desde ahí, el paso siguiente sería asumir que no somos tan poderosos como creemos, que nuestros condicionamientos personales de todo tipo, genéticos, educativos, familiares, culturales, geográficos…, determinan nuestra conducta en forma más marcada de lo que nos gustaría. Entonces podremos comprender nuestros errores y reducir a su justo término el sentimiento de culpa, devolverle su función como señal de alarma que nos avisa de que podemos perder al otro o ser excluidos de la sociedad a la que pertenecemos”.

 

 

PEROSNAL E INTRANSFERIBLE

 

Carmen Durán nació en Cádiz, en 1949 está casada tiene   hijos y     nietos  Se siente satisfecha “de haber tenido la oportunidad de ayudar y acompañar, a través de la terapia, a muchas personas, en sus crisis existenciales” Se arrepiente “de no haber valorado más el amor y el esfuerzo de mi padre, viudo desde muy joven para criar él solo a sus tres hijos” Cuando entiende las causas de la conducta del otro “no me es difícil perdonar pero me es mucho más difícil olvidar. Y, como no olvido, me quedo un poco en guardia” Dice que tiene “un carácter burlón y me puedo reír de casi todo” y que llora “el dolor emocional de otras personas”A una isla desierta se llevaría “un montón de libros”. Su manía es “tomar el café hirviendo”, su vicio “los helados”. Le gusta comer “casi de todo, tanto platos de cuchara como carnes, pescados, jamón, mariscos, dulces, tocino de cielo, merengues, hojaldres…” Y beber “cerveza, vino de Jerez, vino tinto y también algunos blanco. Antes soñaba mucho que soñaba al vacío. De mayor le gustaría ser “humorista” y si volviera a nacer sería “músico”.

 

La Razón

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