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Pactos sobre pactos

Los periodistas , que somos de letras, andamos haciendo cuentas con los dedos para ver si entre los pactos y los sobre pactos se acaba por llegar a alguna parte y se evitan unas nuevas elecciones, que a lo mejor le vienen bien a este o a aquel grupo político, pero que no le hacen ninguna gracia a la ciudadanía y tampoco favorecen a los intereses de España.
El otro día en un bar escuche a un tipo que decía muy rotundo: “Oye pues si su trabajo es ponerse de acuerdo y ni quieren ni saben, todos despedidos… “Pues eso. Ahora lo cool, ya se sabe, es decir que el culpable de todos los males es Rajoy, pero no será él, el único responsable de la cerrazón de no querer mirar hacia ningún lado que no sea su ombligo.
Lo peor es que aquí  todos andan con la sonrisilla torcida tratando de que se estampen los que pretendan acordar. Es un problema de desconfianza generalizada que recuerda, según los estudiosos, a esos tiempos de la República previos a la Guerra Civil. Dicho así suena muy poco tranquilizador. Y aunque es cierto que yo creo que ahora, sabiendo como sabemos la desgracia que nos trajo todo aquello, no lo repetiríamos ni de broma, lo cierto es que los adversarios políticos se hablan más bien como enemigos y que si no se mandan sicarios es porque no se atreven. Aunque, no se crean, a veces se mandan periodistas que casi parecen más peligrosos. (Que quieren en todas partes cuecen habas y en el periodismo también).
El caso es que a una servidora, le va pareciendo que no va a haber manera de que las cosas lleguen a buen puerto antes y eviten la nueva consulta de junio. Y sigo pensando que esa opción nos lleva a un nuevo callejón sin salida, en el que o se pacta o se pacta, porque visto lo visto, ya no estamos los españoles para darle las riendas de nuestra vida a un solo grupo, hasta que no nos demuestre que sus intereses van un poquito más allá de el mismo. Así las cosas, espero que, al menos, si esas elecciones han de llegar, la Providencia no lo quiera, los políticos se enteren de también con ellas  habrán de pactar. O mejor aún, que los que no se hayan dado cuenta ya, y anden perdiendo el tiempo solo criticando a los demás, se vayan marchando a la calle. ¿Ah que no se les puede despedir ni aun votando? Pues eso es lo primero que hay que reformar.
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