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Contradicciones

El mundo entero es pura contradicción. Están los ricos y los pobres, los afortunados y los desgraciados y los que matarían por un hijo y los que son capaces de deshacerse de él por mil euros. Como lo leen. Una red en Marruecos recién desmantelada vendía niños recién nacidos a familias francesas por esa irrisoria cantidad o por el doble de la misma. Una fortuna, por otra parte, para los marroquíes que la reciben. Es terrible pensar que un ser humano puede llegar a hacer algo así. Pero no es nada nuevo. Hay distintos lugares de África en los que las tribus de nómadas, al enfrentarse a una sequía o a otras condiciones adversas que les impiden poder alimentar a todos sus hijos, abandonan, de entre ellos, a los más débiles. No dejan a las cabras o a las vacas, porque son ellas quienes aseguran el sustento de sus familias, pero sí a aquellos miembros que consideran una carga imposible de soportar. Esta claro que estas prácticas no se pueden mirar con ojos occidentales, como ellos tampoco pueden comprender la obesidad de nuestra sociedad ni las depresiones, los estreses o las ansiedades; pero sin ánimo de justificar ni siquiera comprender tales formas de proceder y mucho menos aquellas en las que existe negocio de cualquier tipo como  esa repugnante red mafiosa marroquí de venta de bebés, lo cierto es que todo tiene mucho que ver con la primera línea de este artículo. El mundo es pura contradicción y no se puede ver, ni vivir de la misma manera. Cada cual, dependiendo de dónde nace y de lo que le toca, lo hace con ojos distintos y de de diferente forma. Y por más que nos esforcemos en equiparlo todo y en juzgarlo con el mismo rasero no hay nada más desigual , ni más injusto que poner a correr a todo el mundo desde la misma línea de salida, sin valorar antes sus circunstancias particulares. No es lo mismo un atleta de nacimiento, que aquel al que le falta una pierna. Es una obviedad que, sin embargo, olvidamos con cierta frecuencia. Al leer la terrible noticia de esa banda de marroquíes vendiendo a sus hijos a familias francesas he recordado tantos casos en la historia, en las guerras, en esos otros mundos paralelos que poco o nada tienen que ver con el nuestro, en la que los malos y los buenos se cambian los papeles . Y todos ellos se justifican. Como se justificará, casi se seguro, la familia que pague por un niño  mientras piensa que, quien se lo vende es un criminal. El mundo entero es pura contradicción. Y también pura hipocresía.

La Gaceta de Salamanca

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