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“Mi sueño era recorrer el mundo a pie. Y lo he cumplido”

NACHO DEAN, aventurero.

Todo empezó en el verano de 2012. Nacho Dean,  un chico enamorado del medioambiente, los viajes y  la aventura decidió emular al Phileas Fogg de Julio Verne y dar la vuelta al mundo. Eso sí, él no tenía apuesta de por medio ni  fortuna que dedicar al viaje, ni tampoco plazos de cumplir. A él lo que le interesaba era caminar solo y recorrerse el planeta a pie, para demostrarse  a si mismo que era capaz de conseguir el reto y contarle luego sus experiencias a quien quisieran escucharlas. Imaginen ustedes la cantidad de cosas que debieron decirle los de su alrededor. Que si era un viaje muy largo y peligroso, que si se arriesgaba a no volver, que qué pasaba con todos los que tenía que dejar para acometer tan arriesgada empresa.. Pero Nacho  lo tenía muy claro “A mí siempre me había gustado el deporte, viajar, la aventura…Había hecho otras rutas también a pie por la montaña, distintas variantes del Camino de Santiago y, en una de ellas, se me ocurrió la idea de dar la vuelta al mundo a pie. Quería caminar, encontrarme con la naturaleza, vivir alejado de la prisa y los estreses de la ciudad..” Y así surgió la idea, que fue preparando durante meses. Una vez lo tuvo todo listo tiró de los ahorros de haber trabajado desde muy joven en publicidad, relaciones públicas, medioambiente, o como monitor de aventuras, socorrista y muchas cosas más, buscó colaboradores que le ayudaran, sin obligaciones ni contratos, consiguió alguna material deportivo, algún servicio y algunas donaciones, y se echó a la carretera.  “De todas formas –me precisa Nacho- caminar y correr es gratis, dormir en una tienda de campaña es gratis y es donde he dormido la mayoría de las noches…He ido rozando la supervivencia, en un viaje sin lujos”. El lujo en si mismo, al menos para Nacho Dean, era poder recorrer esos 33.000 kilómetros, esos cuatro continentes (Europa, Asia, OceanÍa y América) y esos 31 países, caminando durante tres años, y gastando, en total, tan solo 24.000 euros. Alguno de ustedes se preguntará ¿y para qué?  “Mi objetivo –cuenta Nacho- era cumplir el reto deportivo, el sueño de recorrer el mundo a pie y de lanzar  un mensaje medioambiental de cuidado al planeta. Y me doy por satisfecho porque he regresado sano y salvo y he hecho todo lo que ha estado en mis manos para dar este mensaje” Solo el puro reto de caminarse el mundo supone en si mismo un riesgo; pero además ocurre que  la tierra está llena de seres humanos que son quienes suelen volverlo más peligroso. Le pregunto a Nacho por esos momentos de tensión inevitables en un viaje como ese “Viví momentos duros y difíciles, casi a diario, pero recuerdo muy especialmente un atentado terrorista en Daca,  la capital de Bangladesh, en época de elecciones. Eran mis primeras Navidades del viaje, las de 2013-2014,  y un día, caminando por una de las avenidas de Daca, hubo primero una explosión, al poco otra, y luego una tercera y una cuarta, en cadena, cada vez más cerca… Bangladesh es de los países más pequeños y pobres del mundo, pero también de los más poblados. Hay gente por todas partes y con las explosiones, el bullicio era tremendo: los coches, las bicicletas, la gente corriendo, la policía cargando los fusiles sin saber a dónde apuntar…Yo me agazapé por puro instinto y luego salí corriendo, con la sensación de que estaba en el lugar y el momento equivocados… Y pensando en qué razón tenía mi madre con sus advertencias” No fue la única vez que Nacho, durante su viaje, miro al miedo a los ojos, En otra ocasión, al adentrarse en el Barrio del Callao en Lima, también se dio cuenta de que tal vez se estaba arriesgando demasiado “Curiosamente fue durante otras Navidades, las segundas de mi viaje.   Al llegar a Lima tras recorrer Australia, el desierto de Atacama, la cordillera de los Andes…, pensé que me merecía un descanso; pero después de un mes de parón, bajé mucho la guardia y el primer día,  ya abandonando Lima, me adentré en el barrio mas peligroso no solo de Lima sino de todo Perú, el barrio del Callao. Al hacerlo se me echaron encima cinco tíos, tres me agarraron por la espalda, dos me vaciaron los bolsillos…, salí con el pantalón rajado y me fui a comisaría, donde me dijeron que había tenido suerte de salir de ahí con vida, porque ni ellos mismos se atrevían a entrar en ese barrio donde se trafica con armas y droga…,”. Recuerda esos dos momentos de tensión entre otros  tantos, por ejemplo en El Salvador, o en México, con tipos armados con machetes en mitad de la carretera, y le pregunto si no pensó, yo qué sé, en abandonar… “No, que va. Mas bien pensaba en que me salvaría un poco gracias a mis piernas y otro poco gracias a la suerte”. Por fortuna, también hubo momentos  inolvidables en el viaje de Nacho Dean.. Aunque tampoco exentos de riesgo. “Una vez estuve frente a un rinoceronte en las junglas de Nepal, a escasos veinte metros. Fue un momento mágico. Eran las cinco o las seis de la tarde, había mucha niebla y mucha vegetación. La fauna de la reserva natural donde me encontraba no estaba compuesta por perros, gatos, ovejas o vacas, precisamente. Había  tigres, elefantes, serpientes…Por eso no era sencillo buscar un lugar para dormir. Y a esa hora y con esa niebla junto al río Rapti ,que es frontera natural de una aldea con la reserva natural de Sauraha, apareció un rinoceronte, una sombra negra enorme, como un tanque, muy despacio… Todo el mundo  echó a correr,  menos yo, que me quedé confiando en mis piernas… ¡Y eso que los rinocerontes pueden alcanzar los 45 kilómetros por hora! El animal se quedó parado, mirando para los lados y yo mirándolo a él y luego se metió en el río lleno de cocodrilos, que jamás se atreverían a atacar a un rinoceronte…” Nacho viene con la mochila (o mejor dicho, el carrito con el que viajaba) repleto de imágenes, sueños, ilusiones e ideas sobre la humanidad, que ya ha visto que es más o menos igual en todas partes, y ahora lo quiere contar, por eso cuando le pregunto ¿y ahora qué? No duda: “Pues ahora charlas, conferencias, escribir un libro…y después embarcarme en la siguiente aventura…”

PERSONAL E INTRANSFERIBLE

Ignacio Dean nació en Málaga en 1980. Está soltero, no tiene hijos, se siente orgulloso de su gente y no ser arrepiente de nada. Perdona y olvida “tengo mala memoria”. Le hacen reír las cosas más absurdas y tontas y llora “cada vez menos, aunque aún por algunas cosas”. A una isla desierta se llevaría “agua, un cuaderno y un bolígrafo” le gustan los pescados, las ensaladas, la verdura y la fruta y beber agua jugos, zumos y batidos, no tiene manía (y lo del carrito que le acompaña en sus viajes es más bien una disciplina para mantener el orden “gracias a la que so capaz de saber dónde tengo las cosas con los ojos cerrados o si tengo una lesión en los ojos”) No tiene vicios “soy libre” Suele soñar con volar, de mayor le gustaría “seguir siendo lo que soy” y si volviera a nacer sería “un pájaro”.

La Razón

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