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Presunción de culpabilidad

La inseguridad entendida como la falta de certeza es uno de los castigos más trágicos que puede sufrir el ser humano. Y en estos días, además de las inseguridades personales en tiempos de crisis y caos, vivimos las inseguridades que nos depara una política cada vez menos confiable. No hay día que no nos despertemos con la sospecha pendiendo en forma de espada de Damocles sobre la cabeza de un político u otro de este o aquel partido. Ahora que ya sabemos que vienen nuevas elecciones (déjenme decirles que yo lo aventuré desde el principio, cuando empecé a ver la falta de voluntad de acuerdo entre los diversos grupos) es cuando más cuenta nos damos, porque siempre hay alguien que se encarga de advertírnoslo.  Si antes los cuchillos estaban afilados, en este momento  directamente los carga el diablo. No quiero ni pensar lo que nos espera en esta campaña electoral en la que tantos tienen tanto que perder. Algunos saben que si no salen lo suficientemente reforzados en esta vuelta, se les acaba el presente y el futuro. Otros se regodean pensando que conseguirán más votos, pese a sus innumerables errores y vergüenzas  y se sientan tan panchos al frente de sus estrategias antiguas, sin respetar siquiera la voluntad que mostró el pueblo de cambio, que les debería obligar, al menos, a una reflexión y a alguna variación  de sus posturas o candidatos. Los hay que andan tanteando alianzas, sin saber si serán capaces de soportarlas, habida cuenta de la mala disposición que han mostrado para pactar, y la determinación radical de no conformarse con otros papeles que no sean los protagonistas. Y quien más y quien menos anda señalado por un asunto u otro, de financiación ilegal y esas cosas,  que hace pensar a los electores que lo mismo da el partido y que el problema es la política.  Pero ¿lo es? ¿El problema es la política? ¿El poder? ¿O tal vez lo que sucede es que tal y como está estructurado el sistema lo fácil, incluso lo adecuado, es aprovecharse del momento cuando se puede? Algo se ha podrido entre nosotros para que no haya partido, ni día, ni foro, ni grupo de personas que no ande bajo sospecha. Son tantos los que nos han engañado de una u otra manera que cabe preguntarse ¿pero es que acaso, en determinados espacios hay alguien que de verdad no lo haga? Es una pregunta terrible, porque nuestro Estado de Derecho se basa en la presunción de inocencia y, por si no lo han notado, de un tiempo a esta parte aquí solo existe presunción de culpabilidad.

 

La Gaceta de Salamanca

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