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Volver a creer

Me dicen que ya están listos los documentos del Papa Francisco sobre los asuntos de familia,  pero parece que son tantos que, hasta que los “desclasifiquen” (esto parece la información secreta del Pentágono sobre los OVNIS) pasarán unas horas y yo ya habré entregado mi artículo. Y casi prefiero la incógnita porque, verán, hace mucho tiempo que la iglesia, como recasada que soy, me apartó de su seno; y aunque ando pendiente de lo que cuenten, a estas alturas no creo que  me sirva ya para reconducir las expectativas. Esa expulsión, que no evitó que yo siguiera con las tradiciones religiosas familiares de bautizar a mis hijos y de favorecer que recibieran la primera comunión (uno está por hacerla el año que viene),  me quitó las pocas ganas de cimentar  la fe que me quedaban. Si el don de creer no viene de fábrica, buscarlo, se lo aseguro, supone una trabajera tremenda. Y cuando después de muchos años de empeño riguroso la vida te da sorpresas y te coloca al margen de todo, por volver a casarte y ser feliz por fin, qué quieren, se aparta la condición de pecadora de un manotazo, y se opta por vivir con plenitud, en vez de estar arrepintiéndose de lo que es imposible arrepentirse. Aún con mi fe temblequeante, seguí luchando durante un tiempo por encontrar algún lugar en la iglesia; pero tras entender en cada mensaje que estaba oficialmente fuera, me dediqué a otra cosa mariposa. Ahora puede que las palabras del Papa Francisco lo resuelvan todo, y espero que para mí no sea demasiado tarde para volver a creer. Aunque siempre es momento para dejarse sorprender por los milagros.

 

La Razón

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