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Sin palabras

Cae un libro en mis manos  y me hace recordar, de pronto, qué hacía yo aquel día terrible en el que un cúmulo de despropósitos y remotas casualidades llevaron a unos pobres desgraciados a convertirse en los asesinos de 192 personas. “Nos vemos en esta vida o en la otra” es una crónica periodística impecable, desgarradora, sin un adjetivo de más y  con una prosa que duele de tan real. Es una historia sobre esos otros personajes, los secundarios del 11-M, sin los que no hubiera sido posible que el atentado se cometiera. Manuel Jabois, su autor, consiguió después de mucho tiempo hablar con Gabriel Vidal Montoya, alias el Gitanillo. El mismo que llevó la dinamita a los artífices del atentado. Un chico de una familia desestructurada, de los que caminan con más soltura por los arrabales, entre putas, camellos y drogadictos, que por un campo plagado de margaritas. Una de esas personas para las que, como dice el autor de tan magnífica crónica, “la tentación, al revés que para el resto del mundo, es elegir el buen camino”. La banalidad del mal de la que hablaba Hannah Arendt y , en la que también se fija  Jabois, convierte a El gitanillo, Baby o Gabriel, como a los demás personajes que junto a él contribuyeron a que la tragedia fuera posible, en otro tipo de Adolf Eichmann. Ellos no son funcionarios cumplidores, todo lo contrario, son balas perdidas, gente poco recomendable. Pero tanto el uno como los otros no se plantearon el mal mayor que ayudaban a causar con sus actos. Ese horror del que, por desgracia, ni siquiera llega el Gitanillo a arrepentirse del todo. Si hubiera sabido que la dinamita era para eso a lo mejor no se hubiera involucrado en el asunto. O si. ”Si se vende una pistola, no se sabe si es para disparar a unas latas o a unas cabezas” En el libro de Jabois no está la sangre de los 192 muertos. O mejor dicho está, pero sin que se vea. Se sabe ahí, mientras uno camina entre los golpes y las  drogas de  gentes con apodos donde es posible, como le paso a Baby, conocer a alguien y, en solo tres meses, pasar de estar fumando porros con los colegas en el portal de su casa a trasladar dinamita a Madrid y volar unos trenes matando a 192 personas. El espanto de esa normalidad es lo que llevo a Jabois a escribir la historia de el Gitanillo en “Nos vemos en esta vida o en la otra” (Planeta). Sin palabras.

 

La Gaceta de Salamanca

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