Menu
Menu

Orlando

EEUU ha vuelto a vivir un ataque de fanatismo que le ha costado la vida a cincuenta personas.  La peor matanza sufrida en Norteamérica, quitando el asalto a las torres gemelas.  El ejecutor, Omar Mateen, un estadounidense, hijo de inmigrantes afganos se armó con un fusil de asalto y una pistola, y eligió como objetivo un bar gay. ¿El motivo? ¿Acaso no era un atentado terrorista que sería reivindicado por el Estado Islámico? Pues sí. Pero se ve que este Mateen no solo era uno de esos “soldados solitarios” que los musulmanes radicales tienen desperdigados por el mundo, dispuestos a castigar a los infieles con la muerte, sino que,  además, era  homófobo. Lo cual no es de extrañar perteneciendo a una religión que condena con la muerte la homosexualidad, aunque eso no impida que exista entre sus filas, de manera clandestina. ¿Y qué mayor gloria para el DAESH que conseguir que uno de los suyos mate en EEUU, el país enemigo por excelencia, y encima elija de entre sus ciudadanos, a los que son homosexuales para acabar con sus vidas? Lo que no saben los líderes de la lucha yihadista es que ésta acción que tan satisfechos parece haberles dejado, no solo acrecienta el odio y la xenofobia, sino que que refuerza la candidatura de un Trump que está dispuesto a jugar tan sucio como los propios terroristas. Y lo peor es que habrá quien piense, después de lo ocurrido, que sus razones tiene y que alguna determinación hay que tomar para evitar más desgracias. La reflexión lleva inevitablemente a la tristeza de considerar que estamos caminando hacia atrás, como los cangrejos. Que todos los pasos que habíamos logrado dar para hacer un mundo más redondo, en el que cupiéramos todos, parecen haberse borrado. Ahora andamos en bandos, lo queramos o no. O somos de los suyos (y me refiero a los musulmanes) o somos de los otros. Entre los primeros hay personas de bien que repudian la violencia…, pero pertenecen a ese bando. Y entre los segundos existen malvados dispuestos a cualquier cosa por lograr su beneficio particular…, pero pertenecen al nuestro. El mundo está dividido y no parece que exista remedio. Porque, entre las nuevas generaciones de musulmanes, alejadas de los países de caldo de cultivo de la radicalidad y convertidas en parte de la ciudadanía occidental es donde, según vemos tras cada atentado, “pescan” los cazadores de almas tiernas, deseosas de alcanzar ese paraíso lleno de huríes y miel y de separarse de esos infieles a los que deben castigar.

Orlando nos ha vuelto a mostrar, además del horror, que el mundo está dividido en dos  y que, de momento, nadie encuentra el pegamento con el que dejarlo convertido en uno solo.

 

La Gaceta de Salamanca

Back to Blog

Deja un comentario

Back to Blog