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Sin ética no hay estética

Ahora que estamos a punto de la operación bikini, que nos empieza a inquietar el aspecto de nuestras carnes ocultas en invierno, pero impúdicamente a la vista en cuanto llega al calor, me pongo a repasar lo que de verdad importa, amparada por esa frase inmejorable de Shakespeare, según la cual: “la perfección es enemiga de lo bueno”.  Cuando una se da cuenta de que siempre hay más guapos y más feos, más bajos y más altos e incluso de que puede hacer más frío o más calor, las presiones se vuelven mucho más llevaderas. Yo no digo que no nos esforcemos en mostrar la mejor cara de nosotros mismos, pero  sin volvernos locos pretendiendo ser otros. Sobre todo, porque cuando la vida nos lleva a ese extremo, nos convierte en puras caricaturas. Véase, qué sé yo Michael Jackson, por poner el ejemplo de alguien con un talento inigualable,  al que su zozobra condujo a convertirse en un muñeco.

En estos días me toca hablar con Carmen Posadas, en la universidad Europea, sobre la Ética y la Estética. Van de la mano como saben: nulla aesthetica sine ethica. “No hay estética sin ética, ergo apaga y vámonos”, dijo en su día el profesor José María Valverde, catedrático de Estética de la Universidad de Barcelona, quien en 1965 dejó su plaza en solidaridad con López Aranguren, expulsado por el franquismo de su cátedra de Ética de la Universidad de Madrid; y está claro que es irrebatible. Aunque confesaré que yo también creo que sin estética tampoco es posible la ética. Pero claro. Definamos estética. ¿Qué es lo que considero estético? Aquello que resulta agradable a los ojos del alma. Es decir, no me importan tanto los michelines ni los cuerpos esculpidos,  aunque sea capaz de contemplarlos con euforia o desanimarme ante ellos, como esa otra belleza que convierte una sonrisa en el centro del universo, por mucho que no se tan blanca como la recién pagada al dentista.

Hace poco leí en un espléndido libro de Nuria Labari (Cosas que brillan cuando están rotas) una frase que me impactó “Se puede tener todo y también tener una vida que no sea suficiente”.  Lo mismo ocurre con la obsesión por alcanzar esa belleza imposible ajena a nuestros propios cuerpos.

En los cursos de verano de 1991, el cirujano plástico Ivo Pitanguy me dijo: “A veces entra una chica en mi consulta pidiéndome que le opere la nariz, y le digo que no, porque si lo hiciera cambiaría su alma”. ¿Acaso hay algo más bello que ese acto de compromiso? La estética es  fundamental. Sobre todo en los comportamientos. No somos tan virtuosos como nos gustaría, así que, al menos,  debemos fingirlo comportándonos según las reglas. Es de agradecer la estética para facilitar el paso por este valle de lágrimas y hacerlo más agradable,a la vista, al oído, al gusto, al tacto.., pero sin pasamos de la raya,  sin llegar a la pura hipocresía, o al puro plástico. Como en el término medio está el equilibrio, nada como cuidarse por dentro y por fuera para llegar al verano remodelados por una operación bikini singular, que nos deje la piel reluciente,sí,  pero sobre todo, el corazón más grande y más limpio.

 

RECOMENDACIONES del mes.

 

1.-  La prosa afilada como un bisturí de Nuria Labari en Cosas que brillan cuando están rotas.(Círculo de tiza)

2.- El aroma de verano de Narciso Eau de Parfum Poudrée, de Narciso Rodríguez.

3.- Los versos para aprender a follamar de Carlos Salem en Follamantes (Frida), tan éticos como salvajemente estéticos

 

Objetivo Bienestar

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