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Fuera del colegio

Los españoles vamos empaquetando nuestros bártulos. La vacaciones se acaban y no queda más remedio que volver a la realidad. Mientras nos preparamos para afrontar un nuevo curso, los políticos nos someten al estrés añadido de tener que prestar atención a su trabajo. Son ellos quienes se fueron de vacaciones habiéndoles quedado asignaturas para septiembre, no nosotros. Y ellos  los que tendrían que haber hincado los codos sobre las intenciones, para resolver esta situación que cada día resulta más patética. Pero parece que eso es mucho pedir. Ellos, todos, se han enrocado en sus posiciones y no se mueven un centímetro. El caso estrella es, tal vez, el de Pedro Sánchez ,que, desde su discurso, atacó sin piedad no solo a Rajoy  (que oigan, que quieren, está ahí para zurrarse con sus adversarios políticos), sino también a sus votantes. Se empeñó, incluso, en reiterar su propia importancia personal, una y otra vez, al retirarse el popular del juego de la investidura,  pese a haber sido el candidato socialista menos votado de la historia. Así las cosas, pactó con Ciudadanos. Y ya pensó que se había convertido, casi, en un súper héroe. Lo curioso es que él, que no quería pactar con el PP, pero tampoco, de ninguna manera con Podemos, sabía –o al menos debía saber-, que no lograría nada solo con el pacto naranja. Las nuevas elecciones le volvieron a dar un zarpazo en las expectativas…, pero como no desapareció del mapa y se quedó en la misma posición, se sintió orgulloso de lo que había conseguido. O lo parecía cuando hablaba, sonreía y se le veía, como de costumbre, encantado de haberse conocido. Está claro que Mariano Rajoy tampoco se ha movido para dejar paso a alguna otra opción que facilitara más pactos, por mucho que tantos se lo pidieran, se lo rogaran o hasta se lo suplicaran…, pero es que él ganó las elecciones. Sin suficiente número como para poder gobernar sin pactar, pero las ganó, un poquito más que en el 20 D, mientras que Sánchez, las perdió un poquito más que en la primera convocatoria.  Los españoles, con nuestro voto, cumplimos y dijimos lo que queríamos: que pactasen. Pero está claro que a ellos se la sopla. Muy especialmente a Sánchez que solo se preocupa de él mismo y de sus, cada vez menos numerosos votantes. Los que votan distinto se la bufan. Y por lo que se ve, las responsabilidades también. Porque, pese a todo, se ha ido de vacaciones. Como el resto de la fauna política… Si vuelven a suspender y a repetir espero que haya herramientas como para que alguien les diga a todos, pero sobre todo a Sánchez: “fuera del colegio”.

 

La Gaceta de Salamanca

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