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Hasta dónde contar

Dice la hawaiana a Hanya Yanagihara, autora de la novela  “A Little life”, que ha revolucionado el panorama literario norteamericano, que “no lleva a ninguna parte adivinar cuánto puede soportar un lector y cuánto no. No puedes refrenarte por miedo a ofenderlo…” Y está claro que ella no lo ha hecho. Que no ha dejado ni una gota  de horror en el tintero al describir la extrema violencia que rodea a uno de sus cuatro protagonistas, abandonado al nacer, violado, prostituido, enfermo y mutilado por un sádico. Jude, cuyo misterioso pasado se va desvelando a lo largo de las páginas de esta historia, en la se analiza de una manera precisa y contundente la masculinidad moderna, comparte protagonismo con sus otros tres treintañeros: un artista negro y gay, un atractivo actor y un arquitecto mestizo y típico niño bien. Cada uno tiene su propia historia, pero la de Jude es la que centra la atención del lector que va descubriendo los salvajes abusos sexuales contados con total  minuciosidad. . Es tal la pormenorización con la que se detallan tan delicados episodios, que a veces resulta imposible no apartar la vista del texto, ya sea para reflexionar o para  retirar alguna lágrima inevitable. Más allá de la propia historia de la autora o de su especial interés en mantener intacto el horror de la historia de Jude, pese a las presiones de su editor, lo cierto es que el debate de hasta dónde contar siempre existe. Y no solo en la ficción, donde debería permitirse cualquier tipo de relato, siempre que sea capaz de remover las emociones, sino también en la realidad. Son muchos los que consideran que hay imágenes terribles, recogidas por los informadores, cuya exposición pública debería impedirse. Y tienen razón. Nada que simplemente alimente el morbo y que lo haga además invadiendo la intimidad del ser humano debería ser mostrado por que sí. Sin embargo, conocer el dolor de los campos de concentración, las barbaridades de la que son capaces los hombres en las guerras o hasta dónde puede llegar la crueldad de las personas alerta contra la barbarie  y en ocasiones hasta venga el dolor de sus familiares. No sé si, de alguna manera la autora de “A llitle life” –que llegará a España bajo el título de “Tan poca vida” en septiembre- pretende algo así, pero sin duda ha logrado arrancar los sentimientos a muchos lectores que llevaban demasiado tiempo instalados en la placidez de sus propias vidas. Todo un merito, reconocido ya por público y crítica.

 

La Gaceta de Salamanca

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