Menu
Menu

Pastillas para dormir

Dormir, dormir, tal vez soñar. Suena a Shakespeare, pero encierra desesperación. No conciliar el sueño porque de noche aparecen los monstruos con sus máscaras a dar la monserga es terrible. Mucho más de lo que creen aquellos que nunca han sufrido un ataque de insomnio y duermen todos los días a pierna suelta. Pero lo cierto es que esos cada vez son menos y más los que ven caer la noche pensando que no les llegará el sueño y que cuando se metan en la cama no podrán dejar de pensar en las mil y una tragedias cotidianas que les acechan y les impiden dormir.  Tal vez por eso los fármacos de moda en estos tiempos difíciles,  repletos de problemas y desgracias, son los ansiolíticos, los hipnóticos y los sedantes.  O lo que es lo mismo, todos esos medicamentos que conducen a los brazos de Morfeo con un toque de varita, en cuestión de segundos y que se recomiendan en las conversaciones de salón y hasta en los patios de vecindad, sin pasar por el médico.   Son tan eficaces  y tan contundentes en eso de curar la tristeza, de paliar los inconvenientes o afrontar los desarreglos hormonales, los dolores de cabeza o incluso  la depresión (cuando uno duerme las penas desaparecen, los dolores no existen, el cuerpo no molesta y se borran los estados de ánimo) ,que el que lo prueba repite hasta la misma  dependencia. Una adicción que, además, suele negar  mientras parte en trocitos la pastillita mágica de turno y asegura que solo necesita un cuarto  (de Orfidal, por ejemplo, que es un clásico), cuando hace semanas o meses que le resulta imprescindible zamparse uno entero al irse a la cama o incluso dos, y si deja de hacerlo se queda la noche entera con los ojos estampados en el techo.

Está claro que no se puede vivir sin dormir, que hay que dormir como sea y que, puestos a elegir es preferible dormir de mentira que no hacerlo; pero vivir la vida en Orfidal, Lexatín, Valium o cualquier otro inductor al sueño, es vivir la vida a medias, ver la realidad entre vapores y entregarse a una adicción que, aunque no esta tan mal vista como otras, puede ser bastante peligrosa.  Y no solo por las contraindicaciones entre las que caben la pérdida de memoria, de reflejos o la desorientación , sino porque a veces, a fuerza de dormir y vivir gracias a las pastillas, se deja de soñar despierto.

 

La Gaceta de Salamanca

 

Back to Blog

Deja un comentario

Back to Blog