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Pura cobardía

Hay que distinguir entre el respeto sincero y la pura cobardía. Y lo de retirar la prohibición del burkini en Francia o defender su uso en distintos foros entra más dentro de lo segundo.  Europa anda en estado de alerta permanente, mirando a un lado y a otro con desconfianza, a causa del fundamentalismo islámico. Ya sé, hombre, que no todos los musulmanes son malos. Pues claro que no. Y menos aún ellas, que llevan siglos aguantando lo que, a las pobres, no les queda más remedio que soportar. Porque habrá unas cuantas que puedan elegir, pero ¿saben ustedes cuantos millones de musulmanas querrían asomar la mirada fuera de la reja del burka, aunque solo fuera una vez en la vida y jamás lo conseguirán? Verán, la devoción de Europa hacia lo políticamente correcto hace que  pongamos muchos controles de seguridad en los aeropuertos, pero no nos atrevamos a afrontar el meollo del problema. Dicen que el burkini sirve para que las mujeres musulmanas que viven en países occidentales puedan ir a las playas, pero es falso. El burkini sirve para que los maridos de las mujeres musulmanas les permitan ir a las playas. Y si los países occidentales consienten en los burkinis, también son cómplices de que los musulmanes puedan hacer lo que les plazca con “sus” mujeres, inferiores a ellos según su religión. Hasta ahí, la prohibición del burkini, aunque solo fuera por  defender los derechos de todas las mujeres, refrendados en las constituciones, debería ser incuestionable. Pero es que, además de la solidaridad, hay otro asunto que ahora nos compete a todos y es el terrorismo. Si los ejércitos fundamentalistas islámicos andan reclutando mujeres y niños por Europa para perpetrar sus atentados ¿alguien no entiende que es más sencillo que una mujer pueda esconder un cinturón de explosivos bajo un burkini un burka o cualquier otro “disfraz”, con mayor facilidad? Es posible que haya otras vestimentas que también faciliten ocultar otros riesgos; pero es que el peligro inminente, la espada de Damocles que ahora pende sobre nuestras cabezas, es la de los atentados islamistas y, qué quieren, facilitarle tanto las cosas a los malos, para que nadie nos tache de ser poco comprensivos o irrespetuosos con las costumbres, no solo me parece una hipócrita idiotez,  sino también un acto de pura cobardía.

La Gaceta de Salamanca

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