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¿Respetar las costumbres?

Una mujer musulmana posa retadora diciendo: “llevo burkini porque soy libre y porque me da la gana”. Enhorabuena. Son tantas las mujeres  que no hacen lo que desean que saber que algunas pueden elegir siempre es una buena noticia. Aunque infrecuente, eso sí, sobre todo entre las musulmanas. El burkini, prenda horrorosa donde las haya, por fea, por incómoda y por ridícula, no supone un problema por el mal gusto de quien lo escoge libremente, sino por el símbolo preciso de una religión que obliga solo a las mujeres a vestirse como adefesios. O lo que es lo mismo,  las discrimina. Y eso, por mucho que a una portadora del burkini no le importe llevarlo, va en contra de la igualdad que recoge nuestra Constitución. Si en España hemos avanzado desde los tiempos en los que que los arzobispos se permitían dictar las normas de la indumentaria de las españolas,  no creo que los musulmanes nos tengan que obligar a dar ni medio paso atrás. Dudo , además, que todas las burkinianas se enfunden el burkini con agrado, y más aún que haya a quien le encante ver la vida tras la rejilla del burka. Hay que respetar las costumbres, sí. Pero solo cuando son respetables. Se me viene a la cabeza una anécdota del pasado. En la India, durante la colonización británica, un local le explica a un ingles que debe respetar la costumbre satí de que las viudas se inmolen en la pira funeraria. El británico le responde: Hágalo. Yo pondré el patíbulo al lado de la pira y ajusticiaré después a la familia del esposo que haya forzado a la viuda a prenderse fuego. Así, respetaremos las costumbres de todos”

La Razón

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