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Ni ella ni su portavoz

Llevo más de veinticinco años trabajando como periodista y aún me sorprendo cuando alguien, tras hacer una entrevista, piensa que soy yo quien habla en ella. Por supuesto que no. Es lo que he contestado una y otra vez, a lo largo de esta semana, tras haber realizado esa entrevista, que todos mis compañeros hubieran deseado hacer, a la madre de Diana Quer, Diana López Pinel.  En ella recogí, con escrupulosa fidelidad, como tengo por costumbre en todas mis entrevistas, las palabras de la protagonista…, pero son sus palabras. Yo no soy ella, ni tampoco su portavoz. Después de haber realizado miles de entrevistas (y no exagero) a lo largo de todos estos años, sigo grabándolas como el primer día y escuchando con minuciosa atención a mis entrevistados, independientemente de su edad, sexo o condición.  Cuando me preguntan si los creo, como en este caso, siempre digo que no tengo por qué no hacerlo. Si me engañan, peor para ellos, porque escrito queda lo que dijeron y el tiempo acabará por desvelar sus mentiras. En el caso de Diana López Pinel, como en tantos otros, tenía la obligación de darle voz por el interés público de su discurso, pero también por solidaridad femenina con una mujer que, tras el dolor de un mal divorcio,  sufre la desaparición de una hija. Diana contestó a todas mis preguntas de una manera contundente y directa. Y me enseñó, como conté en la propia entrevista, todos los documentos que se citan en sus respuestas. Solo el tiempo dará y quitará razones. Entretanto, solo importa una cosa: que las investigaciones sigan su curso y no haya nada que las desvíe ni interrumpa. Así lo espero.

La Razón

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