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También he visto a Juan Carlos Quer

También he visto a Juan Carlos Quer

El domingo pasado me reuní con el padre de Diana Quer. No iba a entrevistarlo y lo sabía. Pero él quería ponerse en contacto conmigo. Explicarme su versión. Algo que me consta, que está haciendo con periodistas de diferentes medios,  porque así me lo ha hecho saber la persona que está encargándose de su comunicación. Era consciente de que a su ex no le gustaría. Cuando un matrimonio se rompe, los amigos lo pasan mal. Los cónyuges siempre quieren que se posicionen a su lado y que nieguen al contrario. Sin embargo yo no soy amiga ni de uno ni de otra. Aunque podría haberlo sido de los dos o de cualquiera de ellos. Sobre todo cuando la vida sentimental les sonreía y no se habían declarado esa guerra con tantos daños colaterales para los de en medio, en este caso, sobre todo para las hijas. Pero no soy su amiga y si soy periodista; así que entendí que tenía la misma obligación de atender al padre que a la madre de la desaparecida. Estuve tres horas o más con Juan Carlos Quer, revisando sus dossieres y más dossieres, así como los  USBs, donde recogía todos los documentos relativos a su separación desde el primer momento de la misma hasta la media hora anterior a nuestro encuentro. Informes oficiales, denuncias archivadas y hasta los  famosos whassaps con ganas de acercamiento de Diana López-Pinel, que no son en absoluto de agosto pasado, sino del primer año de la separación, ese en el que todos los que se separan andan confundidos como los cangrejos y dan un pasito adelante y dos hacia atrás. Juan carlos Quer lo tenía todo. Me sorprendió el orden meticuloso de la documentación, fotocopiada y archivada en carpetas transparentes  y la enorme tranquilidad en relatar unos años tan difíciles; los mismos que Diana me contara una semana antes,  con mucha más vehemencia, casi con cierto temblor, aunque desde otro punto de vista completamente distinto. Escuché casi sin abrir la boca durante tres horas. Y cuando la charla terminó  aún me sentía confundida. Uno se contagia de las emociones de aquel con el que habla, y padece, al menos un rato, un cierto síndrome de Estocolmo casi inevitable. Hoy, más tranquila, después de otra conversación con una persona ajena al matrimonio pero muy cercana a una de las partes y tras revisar algunas notas y no pocos recuerdos de las dos charlas he llegado a la conclusión de que ambos me han contado su verdad, aunque a su manera e incluyendo en los relatos medias mentiras, o cosas incontadas que les perjudican. Los dos utilizan sus armas y encuentran justificación a sus conductas, para poder enfrentarse a ellos mismos cada mañana al espejo. No hay nada más terrible que un mal matrimonio, salvo un mal divorcio. Y más cuando se mezcla con los problemas de los hijos que es imposible negar que tienen que ver con ese naufragio sentimental, con los odios enquistados, con los desprecios intercambiados.  Creo que ni Diana ni Juan Carlos quieren promocionarlos, que si se les han escapado ha sido porque la presión y las filtraciones de información les ha conducido a ellos y que ambos –o al menos eso es lo que dicen- solo quieren que se hable de su hija Diana. Y proteger a su hija menor, de la que sienten que se hayan contado tantas cosas. La única diferencia entre uno y otra, diría yo, es que, tal vez sus errores o pecados fueron distintos. Y tal vez también que Juan Carlos  cuenta mucha familia que le apoya de manera incondicional mientras Diana solo tiene a su hermano, tras el fallecimiento de su padre y estar su madre con Alzheimer en una residencia. No quiero ponerme a juzgar  quién hizo más daño en estos cuatro años, quien obró peor; eso corresponde, creo yo, a la intimidad del ex matrimonio. Dos personas que, con todo, deberían unirse en la búsqueda de su hija desaparecida. Aunque parece imposible, empezando porque Diana está convencida de que su hija va a aparecer y Juan Carlos parece haber tirado la toalla.. Le pregunto a ella que cómo está tan segura y dice que tiene mucha fe y a él cómo es posible que casi acepte ya la pérdida y responde que  es una persona muy racional y por eso guarda todos estos documentos y se va preparando para el duelo.

 

La Razón

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