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A una sola persona

Ahora que ya lo sabemos casi todo sobre lo malo que era el padre de Nadia Nerea empezamos a verle la cara de mentiroso hasta en las fotos. Y lo decimos, claro: “si es que se le notaba…”Ya saben, lo del refrán: “después de verle los testículos a la vaca, que fácil saber que es un toro”. Pues eso. Que Fernando Blanco nos la pegó. El  y su mujer Marga Garau, formaron un equipo de trileros y nos la colaron desde tres metros. Es así. Reconózcanlo como yo y seguro que descansarán mejor. Por otra parte, debo desengañarles: no es la primera vez que nos la cuelan, ni será la última. Los buscavidas de todo tipo y pelaje encuentran material en casi todo, incluidos los propios miembros de sus familias. Y utilizan cuanto tienen a mano porque, por así decirlo, son escorpiones y esa es su naturaleza. Ahora que nos llevamos las manos a la cabeza y apuntamos con el dedo a los medios de comunicación que recogieron su historia, que se la creyeron, que la expandieron y le dieron alas a las pretensiones de estafar de sus padres, no nos pongamos tan estupendos y aceptemos que, en nuestro día a día nos engañan y engañamos en cuestiones pequeñas, medianas o grandes, tantas veces, que la posibilidad de que nos embauquen resulta casi familiar. El caso de Nadia, o mejor dicho, de la estafa de sus padres que llevan explotando su enfermedad desde 2008, nos ha tocado el apartado de la indignación con más contundencia, porque el objeto con el que nos la han pegado, literalmente, es una inocente niña. Está claro que la historia se debería haber comprobado más. Sí. Desde luego. Como no. Pero también es cierto que estos padres aprovechados son la excepción. Que lo habitual es que, los padres desesperados que buscan ayuda para encontrar algún tipo de solución a las enfermedades más raras y penosas, sean buenas personas que se lanzan a cualquier tipo de aventura, con tal de poder echarle una mano a sus hijos. Lo más preocupante de todo esto es que, el que los medios convencionales se hayan hecho eco de una historia falsa, pone en cuestión el rigor y la veracidad de cuanto contamos los periodistas y que, a partir de ahora, puede que haya gente que piense que mejor no ayudar, por si acaso. Pero verán, yo siempre digo lo mismo cuando me cuentan que tal o cual ONG se quedó con parte de lo que recibió: “con que  haya a una sola persona a la que le haya llegado algo, a la que hayamos podido ayudar, debería valernos…¿no?”

La Gaceta de Salamanca

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