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“Hay que tener mucho cuidado con los ‘verdadazos’”

SILVIA OLMEDO, psicóloga y autora de “Detox emocional”.

Silvia Olmedo, psicóloga

Foto: Pavel Anton

Silvia Olmedo es una de esas personas que no dejan nada al azar. Hace poco coincidí con esta madrileña de pro en una charla sobre la reinvención personal, que organizaba El Corte Inglés, y vi cómo cautivaba a los asistentes. Psicóloga, experta en relaciones de pareja y divulgación de la psicología, Silvia se ha convertido en toda una estrella de la televisión en México y en Los Ángeles donde vive ahora.  Tanto, que su éxito se extiende más allá de la pantalla y son cientos de personas los que acuden a sus conferencias y miles los que compran sus libros. El último, “Detox emocional” (Planeta) Si alguien se pregunta cómo ha llegado a tanto al otro lado del Atlántico, sin padrinos ni contactos, tendrá que mirar a su estupendo curriculum, pero sobre todo a su voluntad férrea. Esa que es más capaz que una varita en transformar los sueños. Atractiva, sexy y con ganas de comerse el mundo, Silvia es una de esas españolas por el mundo que deja bien alto el pabellón, y no es raro, por sus muchas cualidades y, sobre todo, por esa capacidad suya para apartar la toxicidad. Algo que todos deberíamos aprender, porque no hay quien no necesite un  “Detox emocional”.  “Todos deberíamos hacer una especie de auditoria emocional para saber cómo es nuestra situación y poder hacer el primer détox emocional- explica Silvia-. Y  siempre es el más fuerte, porque, hasta que lo hacemos, no somos conscientes de que tenemos gente tóxica alrededor o de que estamos trabajando y viviendo en un ambiente tóxico.”-  Es innegable que todos sufrimos algún tipo de mala energía alguna vez, pero también que nos cuesta planteárnoslo. Sobre todo porque desconocemos las características de las personas tóxicas.  “Mira, para reconocerlas,  hay que tener en cuenta varios indicadores. Uno que cuando estás con esa persona te sientes mal, otra que sientes que cohíben tu libertad, otra que te pisa como persona y te impide ser lo que eres o te rechaza tal cual eres. Si te pasa muchas veces que cuando te llama una persona y ves su nombre dices ‘no, no quiero tomar el teléfono’ esa persona probablemente es tóxica.  Tóxica para ti, que no significa que lo sea para todo el mundo. Un ejemplo claro son las parejas. A lo mejor un hombre o una mujer como pareja tuya es tóxica, pero como hermano o hijo no lo es. Pero lo primero que hay que entender es que, cuanto más cercana emocionalmente sea la persona más nutritiva puede ser…., pero también más tóxica: los padres, la pareja, los amigos, la gente que trabaja con nosotros…” O sea, que por todas partes nos acechan los vampiros emocionales que están ávidos de chuparnos la autoestima y dejarnos las emociones para tirar. Menos mal que no todos son igual de temibles, porque a algunos de ellos es imposible tenerlos a suficiente distancia… “Es cierto. A veces no puedes tenerlos distantes por son parte de ti. Por eso hay que aprender a poner límites emocionales más que físicos. El aprender a decir no, el no aceptar el chantaje emocional y, sobre todo, una parte muy importante, plantearse qué le estoy dando yo al tóxico para que apodere de mi vida emocional, es muy importante. En todo caso, hay gente que es un poco tóxica y otra que es letal. De esta última, afortunadamente, nos vamos a encontrar menos; pero si tenemos mala suerte y es un padre o una pareja, igual puede acabar con nosotros. Sobre todo cuando son incluso tóxicos para ellos mismos, como es el caso, por ejemplo, de los alcohólicos. Los niños aprenden patrones de cariño completamente erróneos” Son tan importantes los mensajes, las relaciones y en definitiva el cariño, que me pregunto si Silvia, que ahora vive en los códigos anglosajones ,no echará de menos todo lo latino, mucho más cercano que lo anglosajón. “Muchísimo. En Los Ángeles hay gente muy agradable, pero es muy difícil entablar relaciones espontáneas. Aquí se puede improvisar un café, pero allá está todo totalmente planeado… Son muy asertivos, pero les falta un poco de empatía y aunque laboralmente  sean más efectivos, nosotros en la parte emocional estamos muchísimo más maduros”. En los afectos, sin duda; pero también tenemos nuestras cosas. Como por ejemplo esa necesidad de decir lo que Silvia Olmedo llama en su libro “verdadazos”. “Fíjate aquí sí que distingo entre México y España. El mexicano cuida muchísimo las palabras porque cuando haces una ofensa emocional ya no hay vuelta atrás. Y en España somos de verdadazos. O sea, de decir la verdad duela o no. No cuidamos o no pensamos en ese impacto que va a tener nuestra verdad. Y hay que tener mucho cuidado con esos verdadazos porque a veces lo que se pretende con ellos es solo decir la verdad, pero otras muchas es machacar a la otra persona. Y eso no ayuda. No es que no haya que decir la verdad; pero hay que cuidar como se dice. La manera de decir las cosas ayuda o destroza” Tanto es así que una verdad mal empleada puede ser tan tóxica o más que una mentira “Completamente. Hay quien “mata” con su verdad. ¡Claro que las verdades son tóxicas si están en el contexto inapropiado!. Y pasa mucho cuando discutes con alguien por algo específico y le sueltas toda la memoria no histórica sino ¡histérica!. Todos los recuerdos histéricos de todo tu pasado. No hay necesidad de contar esas otras verdades adyacentes y con ellas lo que estoy haciendo es machacar la posibilidad de resolver un problema emocional” Pues si la verdad es tóxica, la mentira lo es más. Y anda que no hay mentira y toxicidad en las redes. “Muchísima. Y además, como hay muchas personas que ocultan su identidad, cualquiera de ellas te puede hacer daño, cualquiera puede mentir para dañarte y luego la ley del rumor se hace viral. Se calcula que el 50 por ciento de la información es mentira o es una verdad distorsionada. Y llega a mucha más gente, porque la información multiplica sus canales a través de los usuarios y el daño que pueden hacerte también.”. Es terrible pensar que los tóxicos nos acechan en las distancias cortas, en las largas y en las redes…, pero también lo es pensar que, nosotros mismos, podemos volvernos tóxicos para quienes amamos. “Lo recalco en “Detox Emocional”: Nosotros también podemos ser tóxicos con los nuestros. Ahí está la famosa frase de “hijo mío, esperaba más de ti” o “ si me quisiera harías esto” Es el chantaje más vil y todos lo hemos ejercido alguna vez”.

 

PERSONAL E INTRANSFERIBLE

Silvia nació en Madrid. Tiene pareja y un hijo del que se siente orgullosa. Se arrepiente “de no haber aprendido alemán”. Perdona, pero no olvida “nunca. Porque si olvidas también olvidas el aprendizaje” Le hacen reír “las pelis, las comedias, el teatro, las fiestas del pueblo de Madrid…” y llorar “la injusticia”. A una isla desierta se llevaría “mi ordenador. Su sueño recurrente es “que mi padre me dice que había soñado que él estaba muerto”Le gusta comer “paella” y beber “vinos blancos de las Rias Baixas, el Albariño” Su manía es “llegar demasiado pronto a los sitios”, su vicio “la sandía”, de mayor le gustaría ser “lo que soy, pero en frente del mar”. Y si volviera a nacer sería “lo mismo”.

 

La Razón

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