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¿Violencia contra violencia?

El caso del brillantísmo alumno que agredió a sus compañeros de clase en Villena aún anda rodeado de misterio. El autor de los hechos nunca se había mostrado violento. Todo lo contrario. Era un chico concentrado en sus estudios, que soportaba en silencio las bromas de sus compañeros, por ser un “empollón”. Así lo confirmó, tras el incidente, uno de los cinco heridos. Concretamente, el que  redujo al agresor. Analizando los hechos, lo primero que se me ocurre es dar gracias a los dioses y, sobre todo, a las autoridades, porque las armas de fuego no sean una constante en nuestras vidas, como en EEUU. De otro modo, es posible que, en vez de andar lamentando ahora cortes leves y suturas, estuviéramos llorando sobre los cuerpos sin vida de esas víctimas mortales,  inevitables en los casos similares que se producen en Norteamérica. Pero más allá de ese asunto a celebrar, esta la sombra del bullyng. O, tal vez, sin llegar a él, la de la impotencia de un chico al que su condición de estudioso le pudo costar la separación del resto del grupo y su rechazo. Sin justificar de ninguna manera  la agresión “en defensa propia”, se me ocurre pensar que quizás son muchos quienes someten a los más débiles y solitarios a la violencia de la burla, porque no esperan, jamás, que haya respuesta. Y también que esta tragedia, que se repite de forma sistemática e incontrolable, es la responsable en muchas ocasiones de otras mayores y, en algunas de la del propio protagonista que convive para siempre, con sus propias e invisibles heridas.

 

La Razón

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