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El Movil

Uno no sabe nunca que se esconde tras la mirada del vecino. Ese hombre/mujer/niño/anciano que parece un ser tranquilo, delicado, de personalidad inofensiva y entregado a las normas para facilitar la convivencia, puede ocultar un tarado, un psicópata, un pederasta, un asesino… Hay quien piensa que delinquir cuesta mucho. Y matar aún más. Que apretar un gatillo requiere una decisión de la que sólo son capaces algunos; pero por lo que se ve, para acabar con la vida de otra persona lo único que se necesita es eso que en las series policiacas resuelve las tramas: «el móvil». Y no lo hay más frecuente que el del interés. El de la pasta, vamos. Ese motivo suele convertir al más pacífico en una momentánea alimaña, más aún que la pasión descontrolada o el instinto de supervivencia. Y, al contrario que los dos últimos, va envuelto en una frialdad que provoca vértigo estomacal. Dada la presunción de inocencia, no señalaré con firmeza a Miguel López, yerno de Vicente Sala y presunto homicida de su viuda; pero el juez le ha enviado a prisión. Con licencia de armas y amante del tiro olímpico López se encontraba en el lugar de los hechos. Sabía que no había cámaras y se supone que, si perpetró el asesinato, esperaba que no lo descubrieran. Ayer se levantó el secreto de sumario y las posibles razones económicas para este crimen han quedado al descubierto. La fallecida planeaba dar el control de los negocios familiares a su hijo. Una razón de peso para quien saliera perdiendo en el reparto. Una habitual causa de asesinato…

La Razón

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