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“Solo hay un secreto para una buena novela negra: la idea”.

Juan Bolea

JUAN BOLEA, Escritor. Autor de “Orquideas negras” (Reino de cordelia)

Juan Bolea podría ser el protagonista de una de sus novelas. Alto, delgado, frondosa y ondulada cabellera negra, salpicada por algunas canas, ojos claros inquisidores, sonrisa seductora… Tal vez sería el galán, si el argumento requisiera la apostura del caballero; pero también podría ser el asesino. Él mismo y casi cualquier otro perfil cabrían en sus historias de aventuras, sus thrillers psicológicos o incluso en esa serie policiaca suya protagonizada por la inspectora Martina de Santo. No hay personaje que se resista a la pluma de Bolea, capaz de colocarlo en el escenario adecuado y convertirlo, línea a línea, justo en lo que el lector menos sospecha. En esa novela suya que acaba de reeditar en un delicado volumen Jesús Egido,  a la cabeza de Reino de Cordelia, “Orquídeas negras”, casi ninguno de los miembros del elenco hubiera sido capaz de imaginar su destino. O quizás ella sí. Pero de ella hablaremos luego. Antes quiero saber si esta novela, cinematográfica y adictiva, es la mejor de las de Juan Bolea.

Muchos aseguran que lo es… “Al menos es una de las más especiales para mí. –dice Juan- La escribí muy motivado por el argumento, que me pareció muy original en el instante en que me vino a la cabeza. Redacté sin apenas corregir, con una constante inspiración y una rara sensación de tensión y melancolía.” La misma sensación que envuelve a los personajes, atrapados en un lugar tan único como inquietante: esa isla del Hierro plagada de volcanes. Tal vez el vulcanólogo llegó a la mente del escritor antes de elegir lugar para el desarrollo de los acontecimientos… “Uno de los personas principales de “Orquídeas negras” es, en efecto, un vulcanólogo. Su trabajo, su misión, es importante para encuadrar la historia. Y mi idea era desarrollar la novela en territorio español, por lo que debía enviar a Ricardo Dax, que así se llama el protagonista, a una de las Islas Canarias, que mantienen actividad volcánica. El hierro me pareció la más adecuada.”

Para actividad volcánica, de otro tipo, la que genera Puerto, la dama de la historia. Una mujer fatal. Pero fatal, fatal. Tanto, como para tener a su alrededor no dos hombres, sino cuatro. “Sí, esa era la idea inicial, el germen del relato. Normalmente en los argumentos donde la infidelidad y la pasión juegan un papel primordial aparecen siempre dos hombres. Uno es el marido de la chica; otro, el amante. Pero en “Orquídeas negras” otros dos hombres más tienen mucho que ver en la vida y en el corazón de Puerto. El papel de ambos será clave para el desarrollo argumental y el misterio de la trama”

Todo podría girar en torno a esa mujer bellísima que aparece por primera vez ataviada con un breve bikini color pistacho, pero hay un personaje en torno al que se arremolinan aún más las pasiones de otro tipo. Es un personaje central que recuerda a Orson Welles y que genera tantos sentimientos encontrados que parece el eje de todas las cosas. Un hombre con una personalidad infalible en una novela negra… “Leo Cosmo es uno de los mejores personajes que he imaginado nunca. Un viejo director de cine, ya retirado en una casa de ensueño construida por César Manrique en El Hierro, entre volcanes y coladas de lava. Un creador en declive, pero todavía con una mente formidable, obsesionado con Shakespeare y con Edgar Allan Poe. Tiránico con su entorno, despótico con su mujer… Leo Cosmo representa la mente eruptiva, el estallido de la imaginación, pero también lo telúrico, el destino… Su fuerza y su intransigencia llevan a los demás personajes al límite y a la trama de máxima tensión” No es para menos. Su discurso es tan abrupto como el paisaje en el que el escritor inventa esa casa misteriosa, excavada entre volcanes, donde a duras penas parece correr el aire. Un ambiente claustrofóbico dentro del que ya genera la propia isla “ Con sus laderas escarpadas, sus vientos, sus retorcidas sabinas, sus negras playas y transparentes cielos, el Hierro es una metáfora de la novela” Una metáfora en la que viven atrapados el cineasta, su mujer, sus sirvientes, ex profesionales del mundo del cine, ya sin más futuro que el de estar al lado de Cosmo, un vulcanólogo, un escultor, un herpetólogo y, con ellos los lagartos, un pájaro aterrador y las ratas… “Cierto. Todo un elenco de personajes al servicio de las fuerzas que van retorciendo el argumento en sucesivas vueltas de tuerca. Todos esos personajes parecen afanarse en la búsqueda de algo, la verdad científica, en el caso del vulcanólogo Dax y el herpetólogo, la inspiración artística, en el caso de Leo Cosmo y el escultor, el amor, en el caso de Puerto… Bajo ellos, otra clase de personajes secundarios, los guardas, criadas, viejos actores retirados generan una base de inestabilidad y corrupción, como el incandescente magma en el interior de los volcanes, un fluido malsano sobre el que no será posible construir ningún sentimiento duradero, tal vez ni siquiera verdadero…Y más abajo aún, los animales, las bestias, ratas, lagartos…”

No diré más. Solo que  “Orquídeas negras” es tan cinematográfica, insisto, como esa otra novela de Bolea “Parecido a un asesinato”, que en breve será adaptada al cine por el director Antonio Hernández. Ojalá también llegue a la gran pantalla “Orquídeas negras”. Tiene todos los elementos y más en un tiempo en el que soplan buenos vientos para la novela negra… “Eso se debe a la proliferación de sellos y autores especializados, a la abundancia de traducciones y al crecimiento de los lectores de género” A eso y al trabajo de los numerosos festivales de novela negra, como el de Aragón, que dirige el propio Juan Bolea. Y la pregunta es ¿por qué la novela negra  encuentra cada vez más escenarios donde hablar sobre ella?  “Por su lenguaje visual, su proximidad y complicidad con los lectores, su ritmo vivo, su temática actual y su capacidad de compromiso y de denuncia” Seguimos hablando un buen rato del secreto de una buena novela negra -“solo hay uno: la idea”-, de la diferencia entre la novela negra y la policiaca -“la policiaca depende de la originalidad del enigma y a su mecanismo confía su éxito mientras la novela negra se basa en el conflicto entre los personajes y por eso penetra más en la psicología y en la naturaleza humana”-; y hay un momento en el que no me resisto a preguntar por los finales. Según algunos, son lo peor del género. También en eso se parecen a la propia vida. “Una novela policiaca con un mal final es una mala novela – me explica Juan-; pero en la novela negra el final no importa demasiado. Y en la vida no existe el final, su libro no termina nunca…”

PERSONAL E INTRANSFERIBLE

Juan Bolea nació en Cadiz en 1959. Está casado, tiene tres hijos, se siente orgulloso de su familia y no se arrepiente de nada. Perdona y olvida siempre. A una isla desierta se llevaría “un par de alas para salir pitando y volando de allí” Le gusta el marisco y la sidra, su manía es la puntualidad, su vicio viajar y sus sueño recurrente “un caballo de cartón con la tripa llena de objetos robados (tal vez por mí). Hay unas tijeras doradas de costura, un cestillo para monedas y un pañuelo de mujer” De mayor le gustaría ser “Dorian Gray” y si volviera a nacer “me habría gustado llamarme Homero”.

La Razón

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