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#CloseTo Marta Robles: “Me da miedo pensar si tengo talento o no”

 Por Amalia Enríquez para #CloseTo en The Luxonomist

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En su último ensayo confesó ser una mujer insegura, algo que nunca podríamos imaginar los que la conocemos en la distancia corta. No sé cómo será “A menos de cinco centímetros”, pero Marta Robles es de las que pisa fuerte, camina con firmeza y te recibe siempre con una sonrisa. No es fácil ver “el vaso medio lleno” en momentos delicados, pero ella lo consigue. Después de unos cuantos intentos, que no hacen más que demostrar el interés por alguien, conseguimos vernos en uno de los escasos ratos libres que, últimamente, le deja la promoción de su nueva novela.

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Hablamos con Marta Robles, autora de ‘A menos de cinco centímetros’

The Luxonomist: Ya que no nos vemos con frecuencia, vamos a intentar no hablar mucho de trabajo. No sé si eso es fácil para ti.
Marta Robles: En una entrevista será muy difícil que evite el tema, en una conversación ajena a la profesión ¡por supuesto! Es verdad que, tal vez, hable de literatura, pero es que para mí eso no es trabajo, es placer. Junto el ocio y el negocio pese a las recomendaciones.

TL: No es fácil disociar ambas facetas, sobre todo cuando llevamos una vida fusionada en ambos terrenos.
MR: Tampoco sé por qué tenemos que disociar. Si tuviera otra profesión, igual me comportaba de otra forma, pero a mí no me importa nada hacer estas mezclas. La literatura, las lecturas, el periodismo y la actualidad son cosas que conjugan muy bien con la vida cotidiana.

TL: ¿Siempre has querido ser lo que has logrado?
MR: Pues sí. De pequeña quería ser escritora, pero me convencieron para que fuera periodista. Se me metió el veneno del periodismo en la sangre, pero siempre tuve en mi vida la constante de que quería ser escritora. En realidad, llevo escribiendo desde el año 91. Media vida dedicada a los libros.

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Siempre quiso ser escritora. Ésta es su última novela

TL: ¿Fue un plan B que se convirtió en A?
MR: Escribir siempre fue mi plan A, el B era el periodismo. Siempre ejercí como periodista, lo sigo haciendo y moriré siéndolo. A escribir empecé un poco más tarde porque tengo un cierto respeto y pudor, lo que retrasó un poco el dedicarme a la literatura de manera profesional. Empecé cuando tuve la primera propuesta y me costó, porque no dejaba de preguntarme si sería capaz.

TL: ¿Cómo venciste ese pudor paralizante?
MR: Lo superé gracias a que tenía muchísimo interés, muchas ganas y que, en realidad, era mi vocación de toda la vida. Me la había pasado, desde niña, leyendo y con ganas de escribir. Tengo hasta una novela escrita, con quince años, que por suerte nunca verá la luz.

TL: ¿Eras niña de escribir diario?
MR: Lo escribía. No lo guardo y, de tenerlo, no lo releería porque creo que no me divertiría. No soy una persona tan nostálgica, me gusta tener los recuerdos del pasado conmigo, pero no quiero vivir estancada en él. El pasado ¡ni para tomar impulso!.

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Así se hizo el selfie de Marta y nuestra colaboradora Amalia Enríquez

TL: Bueno, como referencia no está mal…
MR: Hazme caso. Ni para tomar impulso. Hay que bendecir las historias pasadas, pero no mirar hacia ellas.

TL: Retomando ese pudor y respeto de los que hablábamos, ¿alguna vez te has sentido cuestionada por los escritores de siempre?
MR: La verdad es que nunca he tenido ningún problema con mis colegas escritores. Jamás. Algún colega periodista, sin embargo, sí lo ha hecho. Eso de “pero bueno, ésta también escribe libros” es algo que me ha tocado escuchar. Eso me ha parecido bastante curioso porque yo no he empezado a escribir ayer, pero la televisión lo eclipsa todo.

TL: Cierto. Parece que si no estás en ella, no existes…
MR: Exacto y parece que cuando haces televisión, es lo más importante del mundo. Lo prioritario para mí siempre ha sido escribir. En los momentos de máximo éxito televisivo o, incluso, ahora que soy colaboradora en un programa, la televisión sigue siendo para mí algo circunstancial y escribir es lo que siempre he querido hacer en la vida. La tele y la radio me divierten muchísimo. No las he dejado porque, por suerte, no estoy obligada a prescindir de nada, pero la escritura es parte de mi vida, algo cosustancial a esa vida y sin lo que yo no puedo vivir.

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Se confiesa una persona insegura, aunque nadie lo diría

TL: ¿Cómo haces posible que conviva todo eso y gestionas ser multitarea?
MR: ¡Veo tantos ejemplos de ese tipo de mujeres que son más multitarea que yo! Hacemos lo que podemos. A mí me gustaría que llegara el momento en el que nadie nos preguntara cómo nos organizamos para llegar a todo. ¿Por qué no se lo preguntan a los hombres?”

TL: Tal vez porque ellos no abarcan tanto.
MR: Cada vez lo hacen más y, en todo caso, no me quiero mirar tanto el ombligo. ¿Cómo lo hago? Trato de organizarme. La vida es lo que viene y trato de disfrutar todo lo que hay. Igual que soy escritora, periodista, madre y amiga de mis amigos, trato de que todo lo que tengo que hacer encaje en mi vida. Desde hacer pilates a llevar a mis niños al cole, pasando por ir a la tele o comer con amigas. Procuro que todo eso no sea algo extraordinario, sino una parcela integrada en mi día a día.

TL: ¿Hay que ser disciplinada en la inspiración?
MR: Obligatoriamente. A lo mejor hay alguien a quien la inspiración le acecha y tiene las musas a la puerta de un centro comercial. La inspiración, si existe, como decía Picasso ¡que te pille trabajando! Para escribir una novela, un ensayo o cualquier tipo de libro, como en la vida en general, hay que ser disciplinada, muy disciplinada. Y, cuando estoy escribiendo un libro, sobre todo una novela, necesito tener cinco horas diarias porque sé que, si no estoy ese tiempo sentada, no me va a salir nada.

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Siempre quiso ser escritora, y lo ha conseguido

TL: ¿Cuál ha sido el proceso de ‘A menos de cinco centímetros’?
MR: Esta historia, que es una novela negra con una estructura muy ortodoxa, era lo que me faltaba por escribir. Aunque este tipo de género estaba muy latente en mí y necesitaba escribirla desde hace mucho. Desde pequeña he sido una apasionada de la novela negra, por eso he conseguido hacer una estructura tan estricta y tan reconocible para los amantes del género.

TL: ¿Qué te inspira para desarrollar la trama?
MR: Es una historia que me llegó a partir de una ráfaga de perfume de violetas, me vino un personaje a la cabeza y, por obra del Espíritu Santo, me vino la idea. A partir de ella, empecé a hacer una estructura cerrada y sólida, comencé a desarrollar los personajes y todo lo que sucedía. No siempre se desarrolla todo en estado lineal, sino que se desvirtúa, sube, baja…pero, en definitiva, la estructura prevaleció a todo lo demás.

TL: ¿Alguna vez te ha dado miedo o respeto el hecho de pensar que el talento puede tener límite?
MR: Lo que más miedo me ha dado siempre es pensar si tenía talento o no. Yo soy una persona enormemente insegura, lo dije en voz alta en un ensayo que escribí hace poco. Debo reconocer que hacerlo fue un poco de terapia, pero estoy constantemente cuestionando mis capacidades, mi talento, hasta dónde puedo llegar y buscando sin parar ese reconocimiento que me haga sentir segura.

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García Márquez decía: “Las novelas se van y, si no lo hicieran, estaríamos todo el día corrigiéndolas”

 TL: Me da que el peor enemigo está en casa…

MR: Probablemente sí. Cuando estás parapetada por tu autoconfianza, los enemigos externos tienen mucho menos poder.

TL: ¿Y no corres el riesgo de que eso te limite?
MR: La inseguridad limita mucho. Sentirla o tenerla en pequeñas dosis es estupenda pero, cuando es excesiva, te puede paralizar por completo. Por suerte, creo que ya convivo con ella con bastante soltura, lo que está muy bien. Te diría que la inseguridad es cosuntancial a la creación, entre otras cosas porque nadie que cree piensa que es sublime sin interrupción. Tú puedes tener un momento de gloria y varios momentos oscuros. Cuando estás creando, tu meta es conseguir la emoción de aquel que percibe esa creación. Y sabes que lograrlo depende de varios factores, no solo de tu talento, sino también de la suerte, las circunstancias y de cómo esté la luna (risas).

TL: Los premios y los halagos ¿no te aportan cierta seguridad?
MR: Los halagos no me proporcionan ninguna. En ocasiones puedes llegar a pensar que “algo tendrá el agua cuando la bendicen”, pero los halagos en general los agradezco, me gustan, pero no sé si decirte que casi siempre los cuestiono.

TL: ¿El último libro siempre es el mejor?
MR: ‘A menos de cinco centímetros’ creo que lo es. A todos los escritores nos cuesta muchísimo reconocer que hemos escrito una buena novela porque, como decía García Márquez, “las novelas se van y, si no lo hicieran, estaríamos todo el día corrigiéndolas”. Si yo tuviera ahora aquí la novela, sin imprimir, la volvería a corregir, le encontraría una errata y algo no me gustaría. Este libro es una historia que puede conmover a cualquiera que la lea.

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El nombre de la Rosa’ es una de sus obras favoritas

TL: ¿Cuál sería el argumento que convencería a cualquiera para que este libro fuera imprescindible en su biblioteca?
MR: La novela tiene un título bastante particular. Yo le diría a cualquiera que fuese a una librería con la idea de comprar, que ‘A menos de cinco centímetros’ en donde suceden casi todas las cosas. En las distancias cortas es donde uno se arriesga. Que alguien piense lo que son cinco centímetros y lo que puede pasar a esa distancia.

TL: ¿Qué ha sido lo más difícil de expresar en esta historia?
MR: Las escenas de sexo han sido delicadas. No te diré que me han costado muchísimo trabajo, sino que me he volcado mucho en ellas porque para mí era muy importante que fueran elegantes y, sobre todo, que convivieran con ellas tanto hombres como mujeres. Quería que fueran escenas de sexo en las que no me volviera cursi y, desde luego, soez. He pretendido que, cada uno que lea la novela, sienta que eso puede formar parte de su vida.

TL: O sea, dando ideas…
MR: (risas) ¡Por qué no! Si las puedo dar… Algo que me llama mucho la atención es poder conseguir que hombres y mujeres, cuando lean esas escenas de sexo, crean que pueden ser parte de ellas. Es decir, no es una escena de chicas, ni de chicos. Es una escena nuestra. Ese era el reto y creo que es una prueba conseguida.

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‘Las amistades peligrosas’ es una de las primeras películas que le marcaron

TL: Cuando uno escribe, aunque sea ficción ¿hay retazos de realidad o autobiografía?
MR: Por supuesto. Hay parte de mi mirada en todos los personajes. La historia es absolutamente de ficción, menos en una pincelada de realidad en una trama delincuencial que describo, que es muy potente y muy dura, pero el resto es ficción, pura ficción y nada más que ficción, aunque en esa ficción estoy yo. Todo lo que escribo en la ficción está hecho a través de mi mirada, a resultas de lo que escucho, veo, huelo, siento, me cuentan y leo. En definitiva, todo eso metido en un cocktail, revuelto pero no agitado, es ficción con algo mío. ¿Qué es lo mío exactamente? No lo sé, pero lo hay.

TL: ¿En algún momento sentiste que te atascabas y que no llegabas al final?
MR: En otros libros sí, con esta novela no. Supongo que ha influido que tenía muchas cosas en la cabeza, tal vez porque estaba en un momento de mi vida de máxima evolución. Quizás por eso no he tenido ni un segundo de no saber cómo seguir. Más bien, todo lo contrario.

TL: ¿Recuerdas el primer libro que llegó a tus manos de niña?
MR: No recuerdo el título de ese libro, pero era de cuentos clásicos. Creo que eran de Perrault. Los leí con cinco años. Fui una lectora precoz.

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Recuerda con nitidez una frase del gato de ‘Alicia en el país de las Maravillas’

TL: ¿Y la primera película que recuerdas?
MR: De niña recuerdo muchas, pero tengo una de adulta imprescindible: ‘Las amistades peligrosas’. Es una película que me ha marcado mucho, con la que sigo teniendo imágenes y diálogos recurrentes. Es curioso. Hay veces que no sé qué es de la novela y qué de la película. Leí el libro antes de ver la película. En el caso de ‘El nombre de la rosa’, sé perfectamente qué es de la novela y qué de la película, por ejemplo.

TL: Pregunta final y obligada en estas conversaciones ‘Close To’. ¿Qué diría la niña Marta, que leía sin parar, de la mujer en la que te has convertido?
MR: ¿Qué diría?… “Tienes que correr todo lo que puedas, para permanecer en el mismo sitio. Si quieres ir a alguna parte, tendrás que correr con doble rapidez”. Es una frase que decía el gato en ‘Alicia en el País de las Maravillas’. Siempre tuve claro, desde niña, que iba a conseguir ser escritora. A los cinco años le escribí un verso a la madre de una amiga mía. Aún lo recuerdo. A mí la lectura, al igual que a Misia, mi personaje en ‘A menos de cinco centímetros’, me ha salvado la vida.

*Localización: El cielo de Urrechu.

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