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“Los datos de sedentarismo en la niñez y adolescencia son alarmantes”.

Alfonso Méndez Alegre, Director de la Unidad de Obesidad y Sobrepeso del Instituto Centta.

1. Está claro que el sobrepeso y la obesidad abdominal no sólo tienen que ver con la dieta. ¿Cómo influye en ellos el sedentarismo?

De una forma muy directa. La actividad física, o sea el movernos, desplazarnos o simplemente transitar por la casa aumenta las necesidades energéticas del cuerpo y como consecuencia, su gasto energético también se incrementa, mientras que el bajo nivel de actividad característico de un patrón sedentario nos conduce inexorablemente a un aumento paulatino de peso debido a las menores necesidades energéticas.
El organismo está diseñado para movernos. Bueno, en realidad hemos seguido una línea evolutiva y es el ambiente o contexto el que ha ido cambiando. Nosotros solo seguimos adaptados a las condiciones a las que nuestros antepasados estaban expuestos. Nuestros ancestros tenían que moverse diariamente y recorrer grandes distancias en busca de comida para poder sobrevivir. La diferencia entre su gasto energético en comparación con el nuestro es muy significativo.
Esta energía que no se emplea en el desplazamiento se acumula en forma de grasa corporal, que fue en su día una muy buena estrategia evolutiva y que ahora, y dadas nuestras circunstancias, no tiene ningún sentido. Los efectos secundarios de tal estrategia está causando estragos en nuestra salud.

2. Y ese sedentarismo ¿se da en gran parte de la población?
Los datos que arrojan las encuestas de salud son alarmantes.
Estamos inmersos en una creciente epidemia donde el sedentarismo es uno de sus principales detonantes.
El incremento de la tasa de obesidad coincide con la disminución del gasto energético diario. Los avances en los medios de transporte, la vida urbanita frente a la rural, el auge de la sociedad industrial, etc…
Nuestra búsqueda de la comodidad nos hace sufrir las consecuencias de tanto desarrollo industrial.
En la actualidad solo el 20% de los hombres y el 10% de las mujeres están empleados en trabajos activos, y los tiempos de ocio están dominados por la inactividad.
Según datos del Eurobarómetro de 2014 en 27 países de la UE, el 59% de los ciudadanos no hace ejercicio ni practica deporte alguno nunca o casi nunca, frente a un 41% que declara una frecuencia mínima de una vez por semana. La proporción de los que nunca hacen ejercicio ha pasado del 39% en 2009 al 42% en 2013.
La prevalencia de inactividad física fue algo más alta en España que en la UE. El 44% de la población europea adulta declaró no hacer nunca actividad física moderada, y el 54% nunca vigorosa.
Los valores para España fueron mayores, 57% y 67% respectivamente, aunque los resultados se obtuvieron con instrumentos diferentes de los utilizados en la ENSE.

3. ¿Hay más sedentarismo en adultos que entre adolescentes y niños?
En la población adolescente e infantil los datos son muy alarmantes también. El sedentarismo en la infancia y en la adolescencia tiene unas características propias. La prevalencia de la falta de actividad física entre los escolares españoles es el 37% en niños y el 40% en niñas.
Hay que señalar eso si, que las tendencias en cuanto al desarrollo de la actividad física no son homogéneas entre las distintas subpoblaciones, los hábitos de uso de dispositivos móviles y juegos electrónicos están aumentando de una manera generalizada y a unas velocidades que asustan. La población infantil ha incorporado masivamente las nuevas tecnologías a su tiempo de ocio, cada vez más sedentario.

4. Supongo que si se gana peso durante la niñez y la adolescencia, ¿es incluso más difícil de controlar y de reducir…?
Es una etapa crítica porque es donde se adquiere el aprendizaje y sobre todo aquellos hábitos que después van a perdurar durante muchos años.
El estudio ALADINO señala que a partir de los 7 años los niños y las niñas comienzan a engrosar las listas de afectados por sobrepeso en nuestro país.
En un estudio publicado en 2016 ( Obesity reviews, 2016, 17:96-107) se concluyó que los niños y los adolescentes con obesidad tenían unas probabilidades cinco veces superior de tener obesidad en la edad adulta que los niños que no eran obesos.
Aproximadamente un 55% de los niños que en edades infantiles eran obesos, se convirtieron en adolescentes con obesidad, y cerca del 70% aproximadamente de los adolescentes con obesidad, serán adultos obesos antes de los 30 años.
Estos datos nos indican que una vez que la obesidad se instala en la infancia, es muy difícil revertirla.

5. ¿También hay alguna relación demostrada del sobrepeso con el tabaquismo?
Un estudio del Departamento de Medicina Preventiva de la Universidad de Navarra señala, en contra de la creencia popular de que fumar ayuda a mantener el peso a raya, que el consumo de tabaco está asociado a una ganancia de peso a medio y largo plazo. Además claro del aumento del riesgo de padecer una enfermedad cardiovascular.
Otros estudios indican que las personas obesas, en un intento de generarse recursos para aliviar la ansiedad percibida, encuentran en el tabaco, como hábito oral compulsivo, el instrumento idóneo para ello. Concluyen así que el consumo de tabaco y la obesidad tienen una correlación positiva.

6. En el caso de las personas con sobrepeso y tabaquismo, la probabilidad de desarrollar enfermedades cardiovasculares es mucho mayor ¿no?
Sin lugar a dudas. Tienen un efecto multiplicador. Según la OMS, las causas más importantes de cardiopatía y de accidentes vasculares cerebrales son una dieta malsana, la inactividad física, el consumo de tabaco y el consumo nocivo de alcohol.
Las enfermedades asociadas al sobrepeso y a la obesidad son de todos conocidas. Por una parte tenemos la enfermedad coronaria, donde la obesidad es un factor de riesgo principal. Con respecto a la hipertensión arterial tenemos que la relación entre el peso, el IMC y el riesgo de sufrir hipertensión arterial correlacionan positivamente.
Por último las alteraciones en la estructura y la función cardiaca se ven afectadas directamente por el exceso de peso.
Por otro lado, el abuso del tabaco tiene una incidencia directa en las enfermedades del corazón, el cáncer y las enfermedades respiratorias. Dentro de las enfermedades cardiovasculares, los efectos del consumo del tabaco incluyen el infarto de miocardio, enfermedad isquémica y muerte súbita, además de los accidentes cerebrovasculares, enfermedad vascular periférica.
Según se desprende de diversos estudios, los individuos fumadores tienen 2,36 veces mas probabilidades que los no fumadores de padecer hipertensión arterial. De la misma manera los obesos tienen 2,35 veces mas probabilidades que los individuos con peso normal.
Además, la combinación de obesidad y tabaco pueden explicar cerca de 14 tipos distintos de canceres en la actualidad.

7. Más aún si se junta con el sedentarismo, supongo…
Pues ya tenemos la combinación perfecta para vestir de negro a la familia.
El sedentarismo instalado en nuestra sociedad, además de incidir negativamente sobre nuestro sistema cardiovascular, contribuye a amplificar los efectos de otros factores de riesgo como la obesidad, la hipertensión o el colesterol. Las personas sedentarias tienden a tener sobrepeso, suelen fumar y sus hábitos de alimentación son desequilibrados.
Los cambios en los estilos de vida, como ya apuntábamos anteriormente, de las sociedades occidentales han propiciado que el sedentarismo aumente en la población general pese a que se relacione este estilo de vida sedentario con el aumento de la mortalidad por enfermedad cerebrovascular.
Las personas que no realizan ninguna actividad física tienen más riesgo de padecer hipertensión, ateroesclerosis y enfermedades respiratorias.

8. Y dormir menos, ¿es consecuencia del sobrepeso, del tabaquismo?
El sobrepeso, la obesidad y el tabaquismo pueden ser la causa de un sueño de poca calidad y también del descenso de las horas totales de sueño.
El tabaco provoca muchos problemas relacionados con el sueño, afectando tanto a las horas totales de sueño, como a la calidad de las mismas. De hecho, la incidencia del síndrome de apnea obstructiva del suelo se triplica en el caso de las personas que son fumadoras.
En el caso de la obesidad y el sobrepeso, el dormir pocas horas afecta negativamente a todo el sistema hormonal que está encargado de regular nuestro peso, sobre todo en la población infantil. Como en el caso del tabaco, las personas obesas tienen el triple de probabilidades de sufrir apnea del sueño.

9. Lo que parece estar demostrado es que la falta de horas de sueño conduce al sobrepeso ¿a qué se debe exactamente? ¿Cuál es el motivo de esa relación?
Como indicaba anteriormente, la escasez de horas de sueño afecta negativamente a nuestra salud, y concretamente, a nuestro peso. Las pocas horas de descanso alteran nuestro sistema hormonal encargado de regular nuestro peso corporal.
Según los estudios de CIBEROBN, dormir pocas horas puede explicar el aumento de la liberación de una hormona llamada ghrelina, que nos estimula a comer de más, y disminuye la liberación de leptina, que es una hormona que se relaciona con la reducción del apetito.
También la falta de sueño hace que nos levantemos más cansados y puede tener un efecto indirecto a la hora de predisponernos para realizar ejercicio físico.
Dormir pocas horas hace que nos levantemos agotados y apuremos todo el tiempo que podamos en la cama, que comencemos el día con prisas y esa no es una buena forma de comenzar una jornada.
La planificación de un buen día, comienza la noche anterior.

La Razón

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