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Una se salvó

Matilde Teresa, Estefanía, Toñi, Blanca Esther,María Ángeles, Virginia, J.D.L.M, Aramis, Cristina, Carmen, Laura, Ana Belén, Ana, Margaret, María José, Leidy Yuliana, Gloria Amparo, Dolores, X y Erika. He querido escribir los nombres de todas las víctimas de la violencia machista en estos dos primeros meses del mes de febrero (salvo uno que no figuraba en las informaciones y he marcado con una “x” y otro que quedaba reducido a sus iniciales), para que no olvidemos, de ninguna manera, que todas estas mujeres asesinadas en apenas sesenta días de 2017, no son números recogidos en una  lista, sino personas reales cuya vida y sueños quedaron truncados por la maldad de hombres que, supuestamente, algún día las amaron. Entre ellas las había de diversas edades y condiciones. Y fueron degolladas, estranguladas, asfixiadas, empujadas al vacío, acuchilladas, tiroteadas…, solo por ser mujeres. Todas sufrieron muertes violentas y terribles y nos dejaron a todos, una vez más, bañados con su sangre e impotentes, ante unos crímenes que parecen inevitables. Ni el reconocimiento del delito, ni las órdenes de alejamiento, ni las condenas, ni el rechazo social parecen haber servido para que tantas mujeres acaben contabilizadas bochornosamente entre las asesinadas por violencia machista cada mes… Mientras escribo este artículo, después de tantos, tras revisar uno a uno los crímenes de este 2017 e invadida por el desánimo que provoca pensar que nunca se avanza en este problema irresoluble, me da por recordar a una mujer  que conocí hace años y a la que su amor equivocado parecía abocar a una muerte segura. Ella denunció y escapó de su pareja.  Ahora tiene una vida feliz. Su caso me devuelve la esperanza. Al menos una se salvó…

La Razón

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