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Cine, cine, cine cine….

Más cine por favor, que todo en la vida es cine y los sueños, cine son… ¿Recuerdan ustedes esa canción de Luis Eduardo Aute? Me viene a la cabeza a cuenta de ese cine nuestro más vapuleado cada día. El mismo cine que sirvió de documento durante años, que recogió landismos y otras modalidades de comportamiento Made in Spain, que se reconvirtió, que ganó Oscars y que puso a España en el mapa a través de algunas de sus películas, actores y directores. El mismo cine con el que Berlanga aguzó el ingenio para pasarse por el forro de sus caprichos la censura de Franco en El verdugo, que Garci utilizó para Volver a empezar o que a Bayona le sirvió para contar Lo imposible en salas de todo el mundo. Nuestro cine. El de películas como Mujeres al borde de un ataque de nervios, Todo sobre mi madre o Julieta de Almodovar o la Isla mínima, Grupo 7y el hombre de las mil caras de Alberto Rodríguez o de Los otros o Mar adentro de Amenabar, o de Mi vida sin mí, de Isabel Coixet, por citar solo una pequeña muestra de grandísimas obras nacionales. Ese cine que nos ha hecho sonreír, reflexionar, temblar y amar y que parece que ahora nadie quiere proteger. ¿Qué es lo que pasa con nuestro cine? ¿Qué le ha hecho a quién para que el Gobierno haya decidido bajar el IVA cultural a todas las manifestaciones artísticas con la única excepción del cine? Si había que esperar a que la recuperación de la crisis asomara la cabeza y al parecer lo ha hecho porque por eso se le ha reducido el IVA a los demás espectáculos ¿por qué ese olvido deliberado del cine? ¿Por qué la insistencia de atentar contra un apartado de nuestro arte?

Hay quien opina que todo tiene que ver con la “rebeldía” de quienes pertenecen al mundo del celuloide, con sus críticas de días pasados no demasiado lejanos a actitudes políticas determinadas; pero ¿acaso el cine, como las letras como cualquier otra manifestación del talento del ser humano, no debería servir para contar, gritar y reivindicar? El cine como cualquier otra expresión artística es, en sí mismo, una forma de recordar al mundo lo que pasa en el mundo.

¿De verdad hay quien piensa, que los del cine, por ser del cine, se deben callar? ¿De verdad no habrá quien salga a defender que este arte que tanto nos ha hecho vivir y soñar, merece la misma consideración que todas las demás?

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