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Marta Robles: “Lo único que me interesa en la vida son las personas y los héroes con fisuras”

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Etrevista por Karina Sainz Borgo para Vozpopuli 

Marta Robles viste un traje claro, de pantalón y americana; también unos zapatos con estampado de mariposas. Algo la hace parecer todavía más alta de lo que es. No son los tacones, tampoco el aleteo de las monarcas que decoran sus pies. Son casi las ocho de la tarde y el motivo de esta entrevista es A menos de cinco centímetros (Espasa), una novela. Mejor dicho, la incursión de Marta Robles en el género negro tras más de dos décadas de carrera periodística y no pocos títulos de no ficción publicados en esos años: desde los Elegidos de la fortuna (1993) –una radiografía empresarial de España- hasta Haz lo que temas (2016). El espectro entre uno y otro es amplio, pero retrata muy bien el largo camino de a quienes les ha costado –y mucho- contar y contarse. Por eso ella, que de mosquita muerta no tiene nada, responde sin despeinarse a la pregunta sobre por qué tantas periodistas publican novelas. “Yo no soy un producto editorial. No comencé a escribir ayer”. Es verdad. 1991 no fue ayer.

Dueña de un recorrido periodístico que abarca los años en Cadena Ser, Telemadrid, Telecinco o Efe, Marta Robles desprende una empatía inusual para estas horas del día, unas ganas de sonreír que no tienen que ver con caer mejor o peor; ni siquiera con la buena disposición que se activa en la promoción de un libro. En ella la sonrisa luce natural. Algo que, como su estatura, no puede controlar. Pero, claro, no conviene despistarse: Marta Robles ha venido a hablar de su libro. A menos de cinco centímetros… ¿de qué? En el título de esta novela, como en los zapatos de esta mujer que ya era alta antes de ponérselos, hay una distancia de ida y de vuelta. Las muchas fisuras que esconden los que se rompen a lo largo del tiempo y de golpe. Retratos que caben en el tiempo en el que han sido escritos y, sobre todo, por quien los ha escrito.

A menos de cinco centímetros se sostiene sobre los elementos clásicos del noir: Tony Roures, un ex corresponsal de guerra y detective desencantado, y Misia Rodríguez de Rothman, una mujer fatal, esposa del dueño de un poderoso grupo mediático. Lo dicho: los ingredientes básicos. Misia es una mujer seductora, alguien que combina su perfume con el color de sus ojos, pero que se afana todavía más en atravesar el largo desierto de un matrimonio árido. Sensible y culta, Misia cae fascinada por Artigas, el escritor de más éxito del momento: un ser cosmopolita, mujeriego y cínico. Del otro lado, Tony Roures, un hombre que perdió su fe en el ser humano en Bosnia y Sierra Leona y que después de años como reportero gráfico en los peores conflictos bélicos, se dedica a investigar pequeños casos de infidelidades. Personajes rotos que coinciden para volar en pedazos.

Roures no tiene hijos. Su mujer lo ha engañado con un hombre 14 años más joven que él. Lo sujetan la música y los libros. Pero le toca empezar de nuevo desde una modesta buhardilla de Malasaña. A él acude Katia Kohen, un personaje que trae una historia entre manos: Artigas, el famoso escritor, es un criminal. No solo mató a su madre, de quien fue amante, sino que ha asesinado al menos a otras tres mujeres. En ese giro de la trama se encuentran Roures, el periférico, y Misia, una mujer escarmentada, alguien que como Liz Taylor posee ojos color violeta y la firmeza de las criaturas hermosas pero aún así resbala por la jabonosa escalera de los encantos, acaso porque su remoto pasado de violencia la empuja al desolladero. Porque aquí, claro, todos esconden algo.

A partir de ese hecho, Marta Robles se afana en picar la piedra de los libros complicados. Un coro de personajes, referencias y ciudades: desde Madrid, Londres, Nueva York o Buenos Aires hasta Sevilla. En la oscura trastienda del lujo y el dinero, Marta Robles intenta muchas cosas: reflejar el poder de las grandes corporaciones mediáticas –ella ha trabajado en muchas e importantes cabeceras y entrevistado a no pocos poderosos-; dibujar la capacidad de encubrimiento y la doble moralidad que se cuece en las sociedades crepusculares o incluso el sexo como aquel lugar donde ocurren las transacciones más complejas y asimétricas. Eso existe. Sin embargo, la pulpa de este libro sobrepasa esos hechos para ir tras Zwi Migdal, la historia de una de las redes de trata de mujeres más cruentas, una que comenzó en el siglo XIX con la llegada masiva de judíos a Argentina y que se extendió en una espesa red de criminales polacos, italianos, rusos, españoles y franceses a lo largo del siglo XX.

Para alguien que, a sus ocho o nueve años, comenzó leyendo a Edgar Allan Poe, el asunto lucía apetecible. “Elegí la novela negra porque estaba latente en mí. Quizá, sin saberlo, tenía un punto de sangre. Cuando era pequeña, en el colegio de monjas, solían censurarme algunas de las narraciones que nos asignaban en clase. Las mías eran muy violentas. Recuerdo una de ellas en la que me inventé que a un compañero de clase le clavaba un destornillador en un ojo”, eso explica ella, acaso con la intención de decir muchas otras cosas. “Es una novela negra más de personajes, psicológica. Las cicatrices de cada personaje van quedando al descubierto”, asegura.

Hace un año Marta Robles publicó Haz lo que temas, un ensayo personal en el que arranca una a una las capas y las pestañas de su vida. Rubia cebolla que se confiesa como alguien capaz de desechar las muchas inseguridades que atesoró durante años: la niña desgarbada, fea, insegura; alguien que fue a meterse en el periodismo acaso por la afición de partirse la cara con otros cuando lo que intentaba era enderezar el gesto áspero de los que se sienten no queridos; de los que se creen falibles; lentos; miedosos. En estas páginas, las de A menos de cinco centímetros, Marta Robles consigue verter la pulpa de aquel libro en sus personajes. “Es lo único que me interesa en la vida: las personas con fisuras y los héroes con fisuras. Al final, la inseguridad es lo que mueve todas las cosas. Al final, las grietas nos hacen comportarnos de otra manera. Nos hacen únicos”, dice Robles.

Aparentar, ocultar, despistar. Tres verbos sobre los que se levanta el trasiego de sus personajes en A menos de cinco centímetros. “Quise mostrar una sociedad que vive en el engaño. La novela negra con su lenguaje visual y cercano te permite señalar con el dedo y hacer una denuncia de la sociedad. Yo, más allá de los temas que denuncio, quiero hacer notar lo bien que pasábamos la vida prestando la importancia justa a aquellas cosas trascendentales. Es el puro engaño al que nos entregamos. En esta novela todo el mundo tiene algo oscuro que ignoramos, la realidad entera está trabada sobre eso”.

A menos de cinco centímetros es el inicio de una serie, o al menos así lo da a entender Marta Robles. “Quizá por miedo a mí misma o a encontrarme todos los efectos que tengo, no vuelvo sobre las cosas, no me miro cuando salgo en la tele, pero con esta novela sí creo que he dado un paso adelante. Estoy distinta. Ya no es solo algo literario sino vital. Yo comencé a escribir en 1991. No empecé a escribir ayer. He escrito biografías, ensayos, relatos, novelas. Muchas editoriales me han ofrecido una novela sobre esto o aquello y he dicho que no, porque nadie me marca el paso. Esta historia es distinta. No es un tema de marketing o la novela de una chica que sale en la tele”, explica Marta Robles sin cambiar el tono de voz ni hacer aspavientos. Así habla esta mujer que ya era alta, incluso antes de vestir sus largos tacones estampados con mariposas. Así.

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