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Pruebas de amistad

Mi querida amiga Carmen Posadas, tiene una mente lúcida de esas que no tienen parangón. Entre las muchas cosas que he aprendido de ella hay una incontestable, que nos dio para un capítulo de nuestro libro a cuatro manos “Usted primero”: no hay que poner a prueba a los amigos. Las pruebas de amistad no solo implican decepciones sino que pueden acarrear serios disgustos y la desaparición de la relación. Nadie es como nosotros, ni reacciona como nosotros. Ni los hermanos (“es cosa bien señalada que de la sangre pareja salga la cría cambiada”), ni los amores, ni mucho menos los amigos. Por eso hay que aceptar a los demás, a la manera de Wilde, que decía sabiamente eso de “te quiero pese a tus defectos y mis reproches”. Hasta ahí, todo perfecto. Pero ¿Y si la vida nos coloca ante un “reto” que no podemos desestimar?  Pongamos por caso que, por ejemplo, nos vemos en la tesitura de compartir una casa en vacaciones. Cuatro o cinco días. Un tiempo limitado y soportable  para almas pacíficas, por muchas diferencias que haya entre sus pequeñas virtudes y miserias. Bien, pues ya hemos caído en la trampa. Se necesita menos para desatar la tempestad que puede empezar, se me ocurre, de la siguiente manera. Imaginen que unas dobles parejas, con un par de hijos cada una, deciden alquilar una bonita casa. Viajan en coches separados, así que, unos llegaran antes que otros e inspeccionarán primero el espacio a repartir. Supongan que se encuentran con dos habitaciones maravillosas de mayores y de pequeños y otras dos más, una para grandes y otra para chicos, digamos, correctitas. Todos han pagado lo mismo,  ¿qué creen ustedes que tendrían que hacer? Opción A: Quedarse con las dos mejores habitaciones. Opción B: Dejar las mejores para los amigos. Opción C: Elegir una de las buenas y una de las malas. Opción D: Esperar a que vengan los que faltan  y sortearlas todas. Evidentemente la única opción  equitativa, educada y racional, es la última y lo demás es puro abuso. Cualquier otra puede provocar el enfado de los abusados o, en caso de extrema corrección, que se traguen la guarrada, pero sin olvidar que lo es. Si alguno de ustedes, por cualquier circunstancia, se encuentra en un situación parecida, evite pasar a mayores. Exija su derecho de sorteo o lárguese de inmediato. El resto será ponerse a prueba a usted mismo y poner a prueba a sus amigos. Y, por pequeñas que parezcan, tales pruebas como dice Carmen, están prohibidas, a menos que se valore poco la amistad…

La Gaceta de Salamanda

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