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“Aún no he llorado ni a mi padre ni a mi sobrino”

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ANTONIO CARMONA, músico, cantante, artista
(Su nuevo disco es OBRAS SON AMORES)

Nos conocimos en Ibiza, hace muchos años, en una noche de desorden, de aquellas que se celebraban en casas de amigos durante nuestros años de juventud. Y desde entonces, primero como Ketama y luego como Antonio Carmona, ya en solitario, siempre ha sido igual de encantador. Conmigo y con el mundo entero. Es su carácter abierto y de sonrisa infinita.  Me da tanta alegría verlo, que celebro por duplicado que saque un nuevo disco y poder entrevistarlo. En esta ocasión me invita a su casa de Madrid, un piso sobre el parque del Oeste que mete el verde por las ventanas. Casi parece que estemos sentados sobre la hierba o paseando por la casa de campo mientras charlamos con las grabadoras (llevo dos, sí, por si acaso) colocadas sobre el cajón flamenco. A mi espalda, una foto preciosa de Mariola Orellana, su mujer, en blanco y negro. ¡Anda que no nos han dicho veces que nos parecemos! Será por rubias y sonrientes, digo yo. Ella es divina, así que lo agradezco, claro. Me dice Antonio que  tiene mucho que ver con lo de “Obras son amores”, el título del nuevo disco “Se titula así  porque yo creo que las obras que vas dejando por la vida y por el mundo son fundamentales. La obra que dejó mi padre en mí fue brutal, y bestial. Me dejó un sello musical y personal alucinante y que está en las obras que hago todos los días con mis amigos, con la gente que quiero. Son las obras que se quedan perenne para toda la vida….Pero también hay un punto de guasa en el título, dedicado a mi mujer, que no ha parado de hacer obras en la casa desde que la conocí con 26 años…” (Risas)

Seis años ha tardado en volver a sacar disco. Seis años que ha dedicado a su padre enfermo casi por completo. “Yo creo que le debía eso. Y, de repente tuve un pequeño tiempo donde se lo dediqué a él, porque tuvo una enfermedad muy larga. Yo vivía entre América y aquí y ya, los dos últimos años me vine porque él estaba con el Alzheimer a tope y necesitaba atención y a su familia. Ya no sabía ni quien era, pero cuando le ponían la guitarra entre las manos decía “Ay ,pero si soy Juan Habichuela” “ Antonio estuvo al lado de su padre en la enfermedad y luego, tal vez porque entre ellos el mejor lenguaje era el musical, decidió despedirle cantando “Lo he despedido con una canción que se llama  “Me encanta”, que es un tema que le cantamos las dos generaciones, Juanito Carmona, el hijo de mi hermano Juan -que es como mi mini yo- y yo, con todo el amor y todo el cariño, al patriarca y al templo flamenco que fue en nuestras vidas mi padre, Juan Habichuela. “

Es un disco de despedidas y de homenajes, en el que su padre está muy presente; además de esa canción, “Me encanta”, comparte con su madre una bulería titulada “La higuera”. “Recuerdo  el olor de la higuera  y a mi padre y mi madre enamorados. Teníamos diez años o por ahí. Mi padre hacía festivales por Andalucía y estaba todo el rato trabajando para arriba y para abajo. Y los recuerdo a los dos ,súper jóvenes, guapísimos y muy enamorados, con mucho amor, bajo la higuera… “La higuera” para mí es un referente. Acabo de poner higueras en una parcelita que tengo en Cádiz, para que me recuerde ese amor eterno que tenían ellos dos.”

Los recuerdos son de aquí, pero el disco más internacional no puede ser. Será, entre otras cosas, porque Antonio estuvo tiempo viviendo fuera de España “Mis hijas empezaron a estudiar en EEUU y eran relativamente pequeñas, una tenía 15 y la otra 17 y me daba pena dejarlas allí, tan solas. Así que me compre una casa en Miami que aún sigo teniendo” Y ya de paso, aprovechó para hacer un disco multicolor, lleno de voces distintas “Sí, pero con artistas que tienen un pulso muy parecido a mí; con gente que tiene que componer, como yo, a guitarra: Fernando Osorio, Luis Enrique, el príncipe de la salsa, todos esos músicos que son musicazos, todos con Grammys americanos y latinos con los que me encanta tocar”. Y entre ellos, Alejandro Sanz, que no podía faltar “Alejandro intento que esté en todos mis discos porque es como un comodín, mejor: es un amigo, un hermano… A la hora de componer tengo tantas sinergias con él que la gozo , lo disfruto. Y siempre terminamos  la noche jugando al mus. Le encantaba jugar al mus en Miami…, así terminábamos rematando con un cacho de canción o de armonía o de lo que sea. Alejandro es una persona que se despierta por la mañana y se obliga a tener una melodía o un cachito de letra. Y eso lo he aprendido de él”.

El caso es que le ha salido un disco personal, único, lleno de mezclas. Y ahora que hablamos de mezclas, recuerdo los inicios de Ketama. Mientras el público los acogía con entusiasmo, los puristas del flamenco se quejaban… “Es que nosotros éramos otra vertiente del flamenco. A mí me gusta que se mantenga el flamenco en su estado puro, pero creo que hay otros que debemos refrescar esas bases tan asentadas que tiene el flamenco. Y nosotros lo hicimos con mucho respeto, pero metíamos guitarras eléctricas, baterías… Entonces en Andalucía nos mataban las críticas y  trabajamos más de Despeñaperros para arriba que para abajo; gracias a Dios luego ese tipo de gente terminó escribiendo libros en los que ponían cosas maravillosas sobre nosotros… Todo tiene su tiempo, ¿no?”

Todo. Incluso las despedidas. En este disco, Antonio, en estado puro, homenajea a su familia  y se despide de su padre y también de su sobrino “23 años…Hay un tema en el disco que se llama Vida. Y me apetecía despedirme así de él. Todavía no he llorado ni a mi padre ni lo he llorado a él, que era un niño con el que hablaba todos los días durante los dos años que se puso enfermo. Lo he despedido con lágrimas en el corazón, pero con mis armonías y mi música, que es una manera más mía de despedirme”

PERSONAL E INTRANSFERIBLE

Antonio Carmona nació en Granada en 1965 está casado y es padre de dos chicas, Marina y Lucía, de las que se siente muy orgulloso “son la esencia que dejo en esta tierra. Las dos músicos. Las dos siguen mis pasos y me llena de orgullo el esfuerzo que he hecho para que ellas estuvieran aquí conmigo”  Se arrepiente de “Tanta noche. Unas eran muy divertidas, otras no tanto. Pura dinámica. Las podía haber aprovechado de otra manera, pero era joven…” Perdona y olvida “no tengo rencor con nadie “ Le hace reír “el pueblo gitano que está loco perdido. Son dignos de ver, estudiar y llevarlos a la NASA” Y  llora con  “los recuerdos… El de mi padre aún tengo que llorarlo” A una isla desierta se llevaría “una guitarra y un cajón. Por supuesto”. Le gusta comer “el arroz de mamá Luisa, de mi abuela, y cerveza fresquita” Su manía es “no puedo ver a la gente en frente mía comiendo mal, lo detesto” Su vicio es “fumar alguna vez” Le gustaría soñar con su padre “porque todavía no lo he soñado” De mayor le gustaría ser “Antonio Carmona” y si volviera a nacer sería “músico y artista” que es lo que más me apasiona de este mundo y esta vida.

La Razón

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